Semilla en la tierra

… y también porque el querer es temblar a veces.

   A veces tengo la sensación de haber errado en mi etapa de crecimiento. De ser una flor que creció en un cuerpo de cactus, repleto de espinas que hieren a aquellos que osan tocarme.

   No sé donde llegué a leer que siempre se puede volver a empezar de cero. Así empiezo yo de nuevo; desde el principio.

   Vuelvo a ser, esperando una mejor suerte, una semilla en la tierra.
 

Relato de una noche cualquiera de mi anterior vida.

Posted by: SISOR | Posted in: Alcoholismo, Drogas, Personal

Joder que larga que era. Tenía que expulsar todo el aire de mis pulmones para poder absorber por la nariz tal cantidad de cocaína. Me empezaba a sentir mareado por culpa del alcohol y necesitaba una puesta a punto. Algo que me anulara cualquier “efecto adormidera” que me hubiese causado la bebida o algún porro. Y nada mejor que la cocaína para ello. Ya estaba muy cansado para seguir dando botes. Las rulas últimamente me dejaban con un dolor de piernas tremendo. La coca me había hecho adelgazar de manera considerable. Se me había cerrado el estómago de tantas rallas y los findes por las noches eran como cuatro sesiones de gimnasia intensiva seguidas.

Al final me la metí. De una sola pasada y chupando los dedos para restregarme por los dientes los restos que quedaron por el mármol. Fue muy rápida, demasiado. Pronto empecé a notar las taquicardias y me jodió no haber venido preparado con un diazepam o un tranxylium. La sensación de martilleo iba en aumento y pronto me tendría que sentar en un escalón en la calle para controlar la respiración y los sudores.

Recostado contra la persiana de la tienda de montañismo observaba a la gente que salía del Row con las mismas caras que yo. Pálidos en la mayoría de los casos y muchos con las mandíbulas completamente a merced del éxtasis. Yo amanecía demasiado a menudo con los labios hinchados y la boca llena de llagas por no poder controlar los impulsos. Durante un tiempo vendían Chupa-Chups dentro del Row. Los lamías poco a poco pero cuando menos te lo esperabas el caramelo explotaba en tu boca hecho mil pedazos. La prensa de mis dientes lo había destrozado. Imaginaros que pasaría con mi lengua. En ocasiones me sangraba la boca, y ya temía mi amargo despertar. Me volvía consciente de que durante unos días sólo comida líquida podría pasar por mi boca.

Cuando ya me encontré mejor decidí entrar dentro y meterme unos cuantos cubatas. Nunca encontraba el punto exacto. Cuando estaba bien de cocaína entonces faltaba un poco de alcohol. Y sino, era una pastillita lo que echaba de menos. Pero la cuestión era no frenar. Nunca frenar. El jodido camino del exceso.

Aquí mejor. Debajo del ventilador. Necesitaba aire para no ahogarme y la respiración se empezó a regular al comenzar a saltar. ¡Viva el Techno! Las opiniones de los demás sobre tu estilo te importan una mierda cuando el éxtasis ha soltado las neuronas de la felicidad dentro de tu cabecita. Todas las tías están buenísimas y la gente es genial en todos los aspectos. Amas a la humanidad. Estarías toda la vida envuelto en esa sensación de eterna empatía. Y cuando parece que se pasa, ya sabes: una rula, un cubata y otra rayita.

El éxtasis me enseñó la relatividad del tiempo. Millones de minutos pasaron por mi cabeza en sólo cinco de reloj. Y de idéntica manera en cinco minutos mentales transcurrían tres horas sin apenas moverme del sitio. Mi mente era un estado completamente inconsciente del exterior, en su limitado o profundo instante. Nunca pude saber como controlar estos lapsus con el tiempo. La coca los corregía, pero la coca era muy cara, y el insomnio era muy incómodo para quien trabaja los fines de semana.

Delante de mí se desplomó una chica. Tendría dieciocho años aproximadamente e iba sin camisa. Únicamente un sujetador cubría lo poco que quedaba por tapar. Estaba sudando y parecía que le había dado un chungo de verdad. Tenía espasmos y estaba helada, pese a los sudores comentados. Estábamos cerca de la puerta y dos seguratas me ayudaron a sacarla a la calle para que le diera el aire. Cuando les dije que llamaran a una ambulancia tuve que tragarme la gracia del “¿Para quién, para ella o para ti?” pero poco después comprendí que no iban a llamar a nadie. “Eso no ha pasado aquí” me dijeron en una clara muestra de indiferencia por la chica.

Empezó a vomitar y me asustó que pudiese ahogarse en su propio vómito. Llamé a una ambulancia y vino relativamente rápido. O no. Quizá fuese otro lapsus con el tiempo. Intentaba controlar mis espasmos en la mandíbula para que no se me llevaran a mi también, y en cuanto se marcharon me volví a meter dentro para olvidar lo sucedido y recordar que jamás debo tener un chungazo en esta clase de locales. Otra rula, un par de cubatas y un buen par de rallas. De vuelta con las taquicardias.

A las dos horas la chica aparece más fresca que una rosa. “Un lavado de estómago” me dice sin saber quien soy ni porque le pregunto. Al final, parece que le molesto y la muy puta se va por la pista a seguir drogándose sola. Ni siquiera me la he podido tirar. Ni una mamada rápida en el lavabo. Desde luego, de desagradecidos está el mundo lleno. Otra rula, un par de cubatas y esta vez que sean tres rallas.

4 Responses to “Relato de una noche cualquiera de mi anterior vida.”

  1. Abel Says:

    Y pensar que lo que cuentas lo suelen vivir millones de jóvenes en todo el mundo cada día???

  2. SISOR Says:

    Pues si tío. La verdad es que tengo mucha suerte de haber podido salir de esa mierda.

  3. cris Says:

    malegro álex de que gracias a dios estás como una rosaaa cada días mas majo guapo y simpático… besitos rey! por cierto toy trabajando cada dia de a 4 a 8 a ver si algun dia me paso por la mñana y te cuento! bESAZOS

  4. fermin Says:

    Flipante,eso lo veo yo en algunos compañeros mios,que sudan como unos cerdos en plena nochvieja a 7ª grados de temperatura,por meterse 3-4 rallas.

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