Sí, sí. Completamente verídico. El sábado cuando llego a currar me encuentro a un tipo con bigote muy raro, de esos que sólo llevan los dictadores y los humoristas, aunque él no tenía pinta ni de lo uno ni de lo otro. Poco después el Jose Antonio me pone en precendentes.
- Tío, está como una puta cabra. Me ha dicho que es el jefe de la interpol en Catalunya.
- ¿Que es quién?
- El jefe de la interpol en Catalunya.
- Joder, ¿pero eso existe?
- Yo diría que no, pero tío te dejo con el marrón que yo me piro.
Así que me cambio rápido y salgo con la cara de “No. Ni tengo ni quiero amigos”. El tío me mira y rápidamente veo que tiene una castaña encima de dos pares de cojones. Luego viene el chino del todo a cien de al lado a sacar tabaco. Y empieza:
- ¡Chino! ¡Eh, chino! ¡Chino chino chino! ¡CHINO!
No me queda más remedio que ir pallá.
- ¡Caballero! ¿Que tiene algún problema?
- No, si lo conozco. Conozco a todos los chinos de china y a casi todos los de fuera. Este se llama Chao Lee.
El tal Chao Lee le mira con cara de estar a punto de lanzarle un Kame Ame pero al final se calma y aquí no ha pasado nada.
Le pido educadamente que no se meta con los clientes y a los veinte segundos pasa una chica con pantaloncito corto y le suelta…
- ¡Pero vaya jamones que tienes! ¡So cerda!
Bueno, aquí ya le planté la cuenta en la cara. Me dice…
- Tu eres un poco chulito ¿no?
- Lo justo
- Tu hermano me ha tratado como si fuera de la familia.
- Ni es mi hermano ni tengo a nadie en la familia como usted, gracias a Dios. Así que si me hace el favor de pagar y marcharse se lo agradeceré.
El tío coge y me dice que me va a comprar la empresa. Que tiene mucho dinero pero no está pasando un buen momento. ¿Y a mi que cojones me cuentas? Le repito lo de la cuenta. Se pone a cantar. No, por Dios eso no.
Los clientes de la mesa de atrás me piden si se pueden cambiar de mesa. Los cambio de mesa y llamo a la Guardia Urbana. No tengo porque aguantar esto.
Le digo que pague de una puta vez que he llamado a la guardia urbana y me dice que me va a denunciar. Le digo que sí, que sí. Y me dice que me va a denunciar… por no querer llevarle agua a casa. Yo aún pienso que algo he entendido mal, aunque me lo repite un par de veces.
Se pone a llorar y a dar golpes en la mesa. No se calma. Yo, tampoco. Siempre que estoy de encargado me pasa algún marrón de estos. Ya es la tercera vez que llamo a la Guardia Urbana. Pero bueno, al fin, los mossos entran por la puerta (Sí, llamé a la Guardia Urbana y vienen los Mossos d’Esquadra)
Cuando los ve el tío se empieza a descojonar de ellos. A uno le dice que adónde va con esa calva si parece una bola de billar y al otro que con ese cuerpo como cojones podía ser policía. Yo, ya más tranquilo, casi se me escapa la risa. Les dice que les va a comprar la empresa ¿A los Mossos d’Esquadra? Juer, que nivel. Les dice el mismo rollo de la interpol y que les va a meter un puro que se van a cagar.
Los dos mossos eran dos chavales más jovenes que yo. El más jovencito no creo que pasara de los 22 años. El otro, el calvo, un poco mayor pero no mucho más. Al final el calvo se cabreó y casi lo saca de mala leche. Pero al final no hizo falta. El cabrón no tenía ni un duro en la cartera y evidentemente pasé de denunciarlo. Con que se lo llevaran del local yo ya tenía suficiente.
Joder que angustia. Hay que decir que los Mossos se portaron correctamente con él. Quizá demasiado. Las veces que ha venido la Guardia Urbana no hen tenido tanta paciencia. Han acabado antes con el problema. Este se alargó demasiado. Cuando acabó ya no me pude sentar a cenar.
Son riesgos de la hostelería. Y suerte que tengo de trabajar en una buena zona de Barcelona que no hay muchos pintas de estos que si no…

Septiembre 11th, 2006 at 21:16
Hoy me ha pasado algo parecido en la parada de autobus, últimamente la gente va un poco pasada de rosca. Rondaba por allí otro jefe de la interpol pero en versión menos removida. Al final, huida en masa, todo el mundo se ha subido en el primer autobus que ha llegado a la parada con tal de evitarse una discursión, aunque no fuera exactamente el autobus que esperaban. Cosas que pasan, aunque esperemos que tarden mucho en volver a pasarte.