Cuando entré en Alcohólicos Anónimos una de las frases hechas más usadas era tocar fondo. ¿Qué es tocar fondo? Tocar fondo es tener la certeza, sin ninguna duda posible, de que tu vida te ha superado y que estás a punto de mandarlo todo a la mierda.
Llega un momento en que te miras en el espejo y te das asco. No te miras las arrugas ni siquiera tu patético aspecto demacrado. Sólo ves un pasado lleno de errores reflejado en tus ojos. Darte cuenta que has fallado a todos a los que quieres. A tu familia. A ti mismo. Tocar fondo es darse cuenta de que has tomado unos valores equivocados y que están a punto de pasarte factura.
Es buscar salidas y no encontrarlas. Es llorar de impotencia y gritar de rabia. Es buscar ayuda de donde puedes echar mano. Es un estado de desesperación absoluto. ¿Habéis visto Match Point de Woody Allen? Cuando empieza la película hace una reflexión muy interesante con una metáfora en una pista de tenis. Todo se debe en parte a la suerte. Cuando la pelota da en la red, el tiempo se congela, y dependiendo de la suerte puede retroceder y caer en tu campo y perder o avanzar y ganar el punto. Pues con esto pasa lo mismo.
No sé exactamente de donde se sacan fuerzas, pero llega el momento en que o sales, o te quedas. No hay otra alternativa posible. Es como si te hubieses cansado de recibir collejas. Con la cabeza gacha, sólo puedes levantar el ánimo y despertar o decicir rendirte a la sombra. La subida se hace muy cuesta arriba, pero siempre tenemos sueños y esperanzas para equilibrar la balanza.
En mi caso creo que fue mi hija en una ocasión que estaba yo llorando en el comedor carcomido por la impotencia. Muchas veces me hacía la misma promesa. ¡Tenía que dejar de beber! Pero siempre volvía a caer. A veces duraba dos días sin beber, pero luego lo necesitaba o inconscientemente me sorprendía con un whisky en la mano sin apenas darme cuenta. Era algo automático.
Pues en una de esas ocasiones en las que me maldecía por ser tan jodidamente débil y derramaba lágrimas envenenadas de baja autoestima, apareció mi hija Miriam y me dijo, ¿Porqué lloras papa? Creo que en ese momento algo en mí se movió. En esa voz, en esa dulzura, encontré la fuerza que equilibró la balanza. Y decidí luchar por salir y buscar ayuda.
Cuando estás tan hundido no hay manera de ver la luz. A veces un simple destello basta. Una frase sincera de alguien tan importante como lo fue la de mi hija en ese momento. Tenía la impresión de que le estaba fallando. Creo que lo hize más por ella que por mí. Luego aprendí cosas que me hicieron cambiar mi perspectiva en este sentido. Pero en aquel momento, sólo su voz y la culpabilidad que sentía por ser un mal padre pudieron hacerme despertar.
La sensación más cercana a estar muerto. No hay casi más sentimientos que la desesperación. No hay alegría, ni esperanza, ni odio, ni amor. Sólo un sentimiento de pena que te amarga hasta hacerte creer que ya se acabó todo. Que aquello era el fin de la historia. Y por que poco…
Septiembre 19th, 2006 at 14:21
Conmovedor, en serio.
Septiembre 19th, 2006 at 15:03
Me has emocionado.
Sólo puedo mandarte un abrazo y decirte que me alegro de que tu hija te hiciera esa pregunta…