Hace poco he acabado con éste genial libro del flipado ese que se puso a escribir un ensayo(las puertas de la percepción) hasta el culo de un alucinógeno llamado mescalina. Y podría incluso asegurar que ha sido uno de los libros que más me ha hecho pensar. El libro está bien escrito, nada del otro mundo, pero me ha encantado el concepto de realidad fantástica que adquiere todo lo que inventa.
La novela habla de una sociedad ideal, donde los actos sociales están plenamente controlados y calculado hasta el último de los detalles para que el equilibrio no se rompa.
Así las cosas, los niños no nacen, sino que son construidos y elaborados en un delicado proceso donde se manipulan las propiedades de los embriones para que salga un miembro de la sociedad con unas determinadas cualidades para desempeñar su papel en la sociedad. Un trabajo, un estatus, un aspecto físico… Todo viene determinado antes de nacer.
Las clases sociales se diferencian no sólo en su nivel mental, sino también en su apariencia física. Desde su nacimiento, todos y cada uno de ellos en sus diferentes clases son condicionados a través de frases repetidas en el sueño para que al final se conviertan en leyes grabadas a fuego en su conciencia. Las clases bajas nacen predestinadas a servir a las clases altas, mientras que las clases altas escuchan miles de veces frases para saber cual es su sitio y para que han venido al mundo.
Conceptos como padre o madre no existen. Estar mucho tiempo ligado con una misma persona está mal visto. Está prohibido enamorarse y hay que hacer el amor con todos, porque “todo el mundo pertenece a todo el mundo. Existe una droga perfecta llamada soma. Una droga “necesaria” para sopesar la carga del trabajo y los pocos momentos de tristeza que puedan acarrear sus vidas. Esta droga, aparentemente no tiene ningún efecto secundario, según nos dicen al principio de la novela, aunque un poco más tarde descubrimos que no es del todo así.
Pero no todo el mundo está tan civilizado. Fuera de ese mundo perfecto y calculado existe una sociedad sin civilizar. Los llaman los salvajes. Y uno de ellos, hijo de una mujer que se extravió de la civilización perfecta y con la extraña cualidad de saber leer a Shakespeare en un mundo en que los actos rituales y las adoraciones a antiguos dioses son normales. Este salvaje, acaba entrando en la sociedad perfecta y cuestionándose todos y cada uno de los puntos de esa supuesta perfección.
Y ya no cuento más. Espero que os haya entrado el gusanillo de leerlo, porque lo cierto es que merece la pena. Y, aunque sin llegar a la altura de 1984 de George Orwell o a sueñan los androides con ovejas eléctricas de Philip K. Dick lo cierto es que me ha hecho plantearme ciertos puntos de nuestra sociedad y hacerme muchas preguntas.
¿No estamos nosotros también condicionados? ¿No respetamos igualmente ese equilibrio antinatural en una sociedad hiperdesarrollada como la nuestra? ¿No se intenta acallar con la misma brutalidad que en la obra a aquel que se atreve a pensar diferente y a poner en peligro la predefinida “normalidad”?

Marzo 21st, 2007 at 12:50
Te aseguro que me ha entrado el gusanillo, y me lo apunto para leer, junto a los otros 2 libros que citas al final, que tampoco los he leído.
Un saludo!