Me gusta respirar despacio y escuchar música clásica. Sentir los golpecitos de las gotas peleonas contra la uralita del patio de luces e imaginarme millones de mini-impactos como meteoritos de vida. Es increíblemente relajante.
Una ducha, una cena suave (algo que hoy no he hecho) y a relajarse… Cuando vas en moto la lluvia es una auténtica putada. Pero en casa, es todo un placer.
Ahora me gustaría que diluviara. Que se llenaran los pantanos esos que dicen son tan necesarios para nuestras vidas. ¿Como van a ser esos montones de agua tan necesarios como mi coche? Tenemos las prioridades cambiadas.
Y es que somos unos egoístas de mierda. TODOS. Nos quejamos de las grandes industrias mientras nos ponemos en casa (o en el coche) hasta el culo de aire acondicionado. ¿Cómo puede caber tanta hipocresía? Pero da lo mismo. Nosotros siempre somos lo más importante.
Cuando llegaba a casa estaba cayendo bastante fuerte. Miraba por la ventanilla del coche y pensaba en lo bonito que sería que nos fuéramos todos a la mierda. Pero irnos de una manera reversible. Es decir, como si nos pegaran una buena hostia y nos chillaran, pero nos dejaran vivir acojonados. Como si llegara el hermano mayor intentando querernos decir que no hagamos aquello que estamos cansados de ver hacer a los demás.
¿De quien cogemos ejemplo si ya no nos quedan héroes?
No tenemos muchos valores en alza. Y es triste que seamos tan débiles. ¿Creéis que yo voy a renunciar a mi aire acondicionado? Si nos vamos a la mierda nos vamos todos, pero yo no voy a ser el imbécil que predique con un ejemplo si no hay a quien predicar. Lo sé, soy un egoísta de mierda.
Si no fuera tan cobarde me gustaría darme algunos caprichos atrevidos. Desnudarme y ponerme durante miles de segundos a la intemperie mientras las gotas me acribillan la piel. Utilizar el olfato para oler la característica humedad. El oído para vibrar con el tintineo de las gotas al chocar. La vista para ver la inmensidad de la naturaleza. Su poder. El gusto para poder abrir la boca y tragar esa agua venida de quien sabe dónde. Y por último el tacto. Sentir los regateos que practicarían los sinuosos caminos que el agua formaría por mi piel.
Pero tengo miedo a los microbios entre otras cosas. Soy como los alienígenas de La guerra de los mundos que al final mueren de la manera más imbécil. Mucha tecnología y al final nos mataremos a base de bacterias y demás mierdas que nosotros mismos construiremos. Pero vaya, a mi me acojonan los naturales ya de por sí. Esta semana sin ir más lejos han hecho estragos conmigo.
Mierda. El sonido de la lluvia ha cesado. Son las 2 y 34 minutos de la madrugada y creo que me voy a meter en la cama a descansar.
Igual que la lluvia.