Estoy en casa chutándome cosa mala. Me meto alrededor de 3 gramos de Paracetamol, 1’800 gramos de Ibuprofeno y 2’625 gramos de Amoxicilina. Ahí queda eso. Todo viene por culpa de un mal trabajo. Alguien tenía que haber matado a alguien y parece ser que no lo consiguió. Me explico:
Hace unos cuantos años… (No lo recuerdo con exactitud. Así que os podría decir 5 o 10 años y os estaría mintiendo. Pero bueno, como tampoco tiene porque ser cierto, diré que fue hace 7 años para concretar y conferir seriedad al post.) Pues hace siete años, tenía una muela muy mala muy mala que estaba muy comida por la caries, hasta el punto que casi no quedaba muela, y el nervio, cual raíz, se había crecido hasta que asomó la cabeza por encima de las ruinas de las pobres paredes de lo que antaño fue mi muela.
Todo esto que parece tener gracia, no tenía ni puta gracia. Todo lo que comía y tocaba mi “curioso” nervio me hacía ver las estrellas. Hasta que no pude más y no me quedó otra que ir al puto dentista.
El puto dentista me dijo que había que “matar” el nervio. Yo, que era un poco ingenuo para estas cosas, pensé que sería una tarea sencilla. Algo así como matar una mosca con un spray. La rocías y ya está. Y no es ese el proceso exactamente.
Primero me metieron una aguja de la hostia que resultó ser la anestesia. ¿Y dónde estaba la anestesia para la anestesia? Bueno, una vez tenía la boca en un estado ajeno, procedieron a taladrarme la muela. Luego, empezaron a meter tornillos y a darle vueltas como si estuvieran buscando algo y no tuvieran ni puta idea de donde estaba. Hasta con anestesia, dolía. Después de haber hecho mil perrerías y de haberme acordado de toda la familia del dentista en tres generaciones vista me pusieron una funda y ale, para casa.
Eso creía que había sido todo. Hasta que pasaron 7 años (o quizá no…) y nos plantamos en el presente perfecto, ese que nos enseñaban en inglés…
El otro día, cuando fui al dentista para mirarme lo de la ortodoncia, me dijeron que tenía una fístula. Una fístula, no sabría explicar que es, es más, lo he intentado, pero al mirar en Google todo lo que he encontrado han sido referencias a fístulas en el culo, lo que me ha dado muy mal rollo y he preferido creerme lo que me ha dicho la dentista. Según ella, que también podría habérselo inventado, cuando me mataron el nervio, dejaron lógicamente un hueco vacío que por algún motivo se ha infectado (podría haber entrado comida, por ejemplo).
- Pues esa infección tiene que salir por algún lado, mira, ¿ves? ¿ves ese granito que tienes aquí debajo del labio superior?- En este momento con sus dulces deditos me estira el labio hacia el nordeste mientras con la otra mano me pone un espejito de un centímetro cuadrado para que vea el susodicho grano. Al final lo veo.
- Zi, zi . o Eo, o eo. (Si, si, lo veo, lo veo)
- Pues por ahí sale la pus. Y luego te la tragas.
- Joder, que buen rollo, no. ¿Y que hay que hacer para solucionar eso?
- Pues matar el nervio.
- ¡Pero si ya lo mataron!
- Pues habrá que matarlo otra vez
¿Habrá que matarlo otra vez? Será verdad que entonces si que era como el matamoscas y el spray, ya que cuando te piensas que la mosca está muerta, en cuanto te giras, la muy hijaputa se despierta y levanta el vuelo. ¿No os ha pasado nunca?
Es decir, que hay que matarlo de nuevo. Pero vaya, que todo esto viene por mi estado actual. Ya digo que toda esta historia me la podría haber inventado, pero claro, tenía que dar un fundamento a mi historia y ahora viene lo del presente perfecto de verdad.
La pus que me he ido tragando ha provocado una infección en la garganta de dos pares de cojones (se ven las placas desde el espejo del comedor, y sin luz…) lo que me ha creado una bacterionosequé, que es algo así como que unas bacterias se desprenden en la sangre y en momentos punta me provocan unas sudoraciones terribles, acompañados de temblores y unas temperaturas que ni recién salido del festival erótico de Barcelona. Y todo esto de pronto. Llevo toda la semana igual. Estoy bien, y en un momento, quince minutos, me pongo que casi me muero.
Y así estoy, drogado completamente intentando que las putas bacterias que se entretienen con mi sangre dejen de tocarme los cojones de una puñetera vez.
Lo que me ha acojonado ha sido que me ha dicho que lo que tengo es una enfermedad común en personas mayores, no en jóvenes. Y que en algunos casos, debidos en parte a la escasez de defensas, pueden acarrear problemas graves.
¡La madre que la parió! ¡Y yo que tenía el trauma de los 30…!