No sería la primera vez que descubro a mi mente flirtear sin mi consentimiento. De inocentes y triviales pensamientos, la muy miserable se bifurca hacia caminos insondables. Y cuando la sorprendo, me asusto de la agudeza visual que tiene mi cerebro para entretejer astutas artimañas que logran enterrar mis escasas virtudes.
No soy malo, me digo, sin saber si tengo parte de razón. De partes no me equivoco, pues sé que dentro de mí varios seres forman mi extraña presencia. Un yo bueno, y un yo malo. Un yo caritativo y un yo egoísta. Siempre yos y más yos… Mi equilibrio lo forman miles de brazos irregulares que sustentan toda mi moralidad y mi vileza. Un equilibrio que se torna voluble al más mínimo temblor y al menor suspiro.
Me temo. Me temo como no le temo a nada en este mundo. Intentar controlar mis impulsos es una lucha constante contra la naturaleza de mi alma. Soy inestable por vocación. Un suicida emocional nato que jamás dejará de buscar su camino dando tumbos y tropezando con cada piedra. ¿Cuántas piedras quedan en mi camino? ¿Es esto un mal sueño o una buena pesadilla? Yo sólo quiero despertar antes que los ángeles pierdan sus alas.
Y algún día despertaré de mis propios brazos opresores, envuelto en susurros de brisa templada y con la intimidad del mar acariciándome los instintos. Y a partir de ese día, todos los fuegos que mi miserable fortuna no pudo aplacar, serán por fin sofocados. Y yo, por fin, volveré a ser el niño que nunca fui. Lograré lo que jamás pude permitirme alcanzar.
Seré libre.

Noviembre 22nd, 2007 at 0:49
Claro que si, claro que lo serás. Eso es algo que te has ganado tú solito y nadie puede quitártelo.
No mires atrás, siempre hacia delante pensando en cosas que no has tenido en la vida y que están por llegar.
Un besito.