Ayer estaba un poco tocado, y es que tuve dos noticias que me desestabilizaron un poco.
Por un lado, mi padre. Se ha vuelto a quedar sin trabajo. Ya es la tercera vez que lo echan en unos pocos meses porque no está para trabajar. Está destrozado tanto física como anímicamente. Hace unos meses estuvo ingresado en el hospital porque se le hinchó el hígado. Le quitaron líquido, le diagnosticaron cirrosis, multitud de enfermedades derivadas del exceso de alcohol y le sometieron a un tratamiento farmacológico y psicológico (al que no va porque dice que no lo necesita).
Hace unos años me hubiera importado una mierda. No hace ni unos meses que hubiera deseado incluso que se muriera. Que desapareciera de este mundo. No hacía más que hacer la vida imposible a mi madre y a todos los que lo rodeaban. Era intratable. El alcohol lo convertía en un jodido desecho humano. Pero entonces vino el milagro: pudieron traspasar el bar que tenían y no era más que su centro de recreo, y le dio un chungazo que le obligo a estar ingresado unas semanas. Eso lo cambió.
Cuando salió del hospital lo hizo asustado. Se vio el problema encima. Un problema que yo no me hartaba de intentar hacérselo ver, pero sin éxito. No hay más ciego que el que no quiere ver, y él no quería. Al salir dejó de beber. Me consta que se toma alguna caña por la mañana pero les tengo prohibida la entrada de alcohol en casa. Las últimas 6 latas de cerveza las derramé por la pica bajo aviso de que haría lo mismo con cuanto alcohol me encontrara.
Hasta la fecha ha dado resultado.
Hoy, mi padre, se ha vuelto a ir al hospital. No puede comer nada. Todo lo vomita. El único alimento que entra en su cuerpo es en forma de complejo vitamínico mezclado con leche (lo que le destroza todavía más el hígado). Y no tiene ni 55 años.
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Por otro lado, ayer tuve comunicación con mi delfín. Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella. La echo de menos. Pero no sé de qué manera. A veces creo que necesito cariño, otras, simplemente echo de menos su cuerpo y sus caricias. Estoy bien sólo. ¡Necesito estar sólo! Pero cuando recuerdo sus besos y su ternura me estremezco.
Me gustaría volver atrás en ese preciso momento en que poníamos música Lounge, bajábamos las luces, y nos quitábamos la ropa con los ojos cerrados y los labios deseosos de amor. Besarle el cuello mientras recorría con mis dedos toda su espalda. Caricias sutiles. Mi lengua jugueteando con sus afilados pezones. Mordiscos en el lóbulo de la oreja. Un te quiero… Y un te deseo…
Y poseerla. Llegar a ese clímax al que no he llegado con ninguna otra mujer probablemente porque no he querido nunca a nadie como a ella. No hay experiencia más satisfactoria que conocer los deseos de tu pareja con una simple mirada. Saber donde tocar y lo que decir. Como moverte y cambiar de ritmo hasta convertir el acto de hacer el amor en el más hermoso baile. Danzando entre la intimidad de nuestra respiración entrecortada y los muelles de la destartalada cama. Entre brazos de pasión y cuchillos de saliva.
Así la deseo.

Noviembre 22nd, 2007 at 17:50
Muchos ánimos por lo de tu padre. Espero que puedan ayudarle de alguna manera. Y que él, sea el primero en querer ayudarse.
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“Estoy bien sólo. ¡Necesito estar sólo! Pero cuando recuerdo sus besos y su ternura me estremezco.”
Muchos ánimos. Estás bien solo, recuérdalo. No es fácil pero importante…