Esto iba a ser un post más elaborado y estudiado, pero he tenido que salir y al final no he tenido tiempo de prepararme nada. Simplemente me he puesto a escribir…
Me llamo Àlex y soy alcohólico.
Esta era mi presentación en el grupo de Alcohólicos Anónimos y también la he utilizado en alguna que otra entrada referente a mi enfermedad en este blog. Y esta vez no es una excepción.
Me entero gracias al blog de Alexliam, que hoy es el día sin alcohol. No sé si servirá de algo, pero espero que al menos alguien tome conciencia de que el alcoholismo es una enfermedad real, y por desgracia demasiado cercana, y que no se puede ni debe ignorar.
Para bien o para mal, os guste o no, el alcohol es una droga. Eso sí, es una droga legal y socialmente aceptada. Eso cambia radicalmente las cosas. Uno no se puede meter una raya en público porque rápidamente será tachado de drogadicto. Pero en cambio, una persona se puede tomar tres copas al día y se le puede denominar como “de espíritu alegre”.
No tengo nada en contra de la gente que bebe. Ojalá yo fuera capaz de mantener un ritmo normal y tomarme una copa con los amigos de vez en cuando. Pero no puedo. En cuanto pruebo una gota de alcohol mi cuerpo se descompone y cambia radicalmente. Rápidamente me animo, y mi mecanismo de autoengaño empieza a funcionar diciéndome que otra copa me vendría bien. Y luego otra. Y otra. Y otra… Y así hasta que hago y digo cosas de las que luego me suelo arrepentir.
El alcohol ha marcado siempre mi vida. Desde mi carácter a mis acciones, pasando por el control de mi estado emocional. Dicho de manera llana: el alcohol era directamente responsable de mis actos y aunque parezca mentira, mis esfuerzos por ser yo mismo, siempre se veían mermados por la escasa capacidad de razonar que me brindaba el alcohol. No es que no razonase, ya que mi mente se aceleraba cuanto más alcohol ingería, era más bien que mis razonamientos no eran los correctos.
Esto deriva en que llegué a pensar cosas como que yo era el más inteligente de cuantos conocía, que los demás no me entendían porque se pensaban que tenía un problema y yo sabía claramente que no era así, que mis pensamientos y razonamientos siempre eran la verdad absoluta… Y un largo etcétera que se convirtieron en muchos problemas y manías que luego costaron de arrancar de mi yo más interno.
Ahora llevo casi cuatro años sin beber. Tuve una recaída de un par de meses, que me demostró que la gente de Alcohólicos Anónimos tenía razón: El alcoholismo es para toda la vida y es inútil controlarlo. En una despedida de soltero me dio por pegar un trago por la ocasión y a los pocos días ya estaba bebiendo a escondidas. Engañe a mi novia (ocultándole que bebía) y a todos los que confiaron en mi. Pero a quién más engañaba era a mi. Tarde dos meses en darme cuenta de que estaba otra vez igual que antes, bebiendo mucho y haciendo tonterías. Pero volví al grupo de Alcohólicos Anónimos y lo conseguí volver a dejar. Hasta ahora.
No quiero repetirme más acerca de lo que ya he escrito. Pero hoy, como día sin alcohol, me gustaría llegar a hacer unas cuantas reflexiones sobre el tema. El primero, evidentemente, es el concepto erróneo que la mayoría de la gente tiene del alcohólico.
¿Quien de estos dos diríais que es alcohólico?


El de arriba no lo sé, pero el de abajo, que soy yo, sí que lo es.
La mayoría de la gente tiene un concepto equivocado de lo que es un alcohólico. Un alcohólico tiene fases, por supuesto, y no nace convertido en la imagen del hombre de arriba. En medio de ese proceso, el sujeto se va pudriendo, estropeando. Va perdiendo todo lo que tiene en la vida: pareja, amigos, trabajo, su autoestima, etc. hasta llegar al extremo del señor de arriba.
Hay alcohólicos en casi todas las calles, en tu finca, quizá en tu familia. Puede que no los reconozcas o que no quieras reconocerlos. El alcoholismo afecta a hombres, mujeres, ricos, pobres, listos, tontos, blancos, negros, etc. No hay ninguna distinción. Es por ello que la gente tiene que dejarse de tonterías y de estereotipos. Yo he conocido alcohólicos banqueros, empresarios, padres de familia respetables, etc. No necesariamente el alcohólico tiene que ir ligado a una historia de violencia doméstica. Un alcohólico es una persona normal, pero enferma.
El tiempo me ha demostrado que un alcohólico puede vivir sin alcohol. Es duro, no diré que es fácil. Cuando uno deja de beber automáticamente se convierte en un bicho raro. La gente se extraña. ¿Porqué no bebe? Recuerdo en un fin de año con los amigos de mi ex y las explicaciones que tuve que dar para evadir la respuesta directa. Había una menor en el grupo y me reprimí de explicar mi realidad. Pero lo cierto es que me sentía algo violento por la constante invitación (de manera inocente, por supuesto) a beber que me hacían. Era tan extraño que una persona no bebiese nada en fin de año…
Luego, me fui haciendo fuerte. Ya no decía de manera tímida que no bebía. Lo hacía con seguridad y sin miedo a quedar como una personita chiquita que no bebe porque no es mayor. Me importaba un poco una mierda eso del que dirán, y en la boda de mi colega Jordi, por ejemplo, no dudé en rechazar la copa de cava en la recepción y pedir una Coca-cola Light ante el asombro de los camareros. Tenía claro lo que soy y lo que seré el resto de mi vida.
Ahora, mi parte de conciencia absoluta ya está asumida. Ahora falta retocar ciertos aspectos emocionales que quedaron destrozados. El espíritu se envenena con facilidad cuando el ego es la luz que nos guía. Y con el alcohol, mi ego era jodidamente enorme. A nivel emocional, al dejar de beber me quedé hecho polvo. Siempre había equilibrado mis emociones a base de alcohol, bebiendo de manera constante hasta conseguir un buen estado o uno en lo que todo me importara una mierda. Cuando estaba triste un poco de alcohol animaba el asunto y cuando estaba alegre, siempre se podía estar un poco más.
Cuando le cerré el grifo al alcohol mi ansiedad se acrecentó. Tenía temblores y molestias físicas, y estaba tenso e irascible. Después, vino una oleada de bienestar. Dejé de fumar tres paquetes de tabaco al día, conocí a Raquel… Todo se convirtió en maravilloso. Luego, con la monotonía, volvió la necesidad. Y con la necesidad, el mono. No es sencillo cuando has convivido tanto tiempo con una dependencia.
Ahora estoy en un paso difícil. En el que tengo que aprender a vivir conmigo mismo. Si no soy capaz de hacerlo, a duras penas podré convivir con alguien. Me exijo demasiado, y de manera inconsciente me meto en trampas depresivas. Sé que debo de evitarlas, y sé como hacerlo. El problema es que a veces tengo tantos ataques de pena que en ocasiones me rindo. No soy tan malo. De hecho, me considero una buena persona. He hecho daño, y mucho, pero siempre ha sido de manera involuntaria.
Mis padres también son alcohólicos. Mi padre tiene cirrosis y está hecho una mierda. Hace un par de meses estuvo dos semanas ingresado mientras le quitaban líquidos y le hacían analíticas. Yo no acabaré como él. Tengo muchos motivos para luchar.
Sé que es difícil pero me gustaría que alguien me entendiera…
Si alguien tiene alguna pregunta que le gustaría hacer a un alcohólico, ya sabe a quien puede acudir. Estoy abierto a todos y encantado de responder vuestras dudas.
Etiquetas de Technorati: Alcoholismo,Alcohol