Cuando era pequeño, tenía unas amistades que se podrían tildar de peligrosas. Uno de ellos, se llamaba Marcos. Tenía doce hermanos, cuatro de los cuales habían muerto jóvenes, en la mayoría de los casos por sobredosis. El más famoso de ellos era Juan, "el negro". Su amigo inseparable se hacía llamar "el Trujillo", y tenía las dos paletas salidas por encima del labio. Pero en vez de caricaturizar una expresión ridícula, lo que hacía era crear una imagen terrorífica cada vez que mirábamos esa cara de niño abandonado en las crueles calles de mi jodida ciudad.
Pronto me asociaron con esa gente, y a los trece años eran muchos los que se cambiaban de acera porque me reconocían como una persona peligrosa. "Dime con quién vas y te diré quien eres…" que pensaría más de uno.
Pero yo no era malo. Aunque Marcos y "El Trujillo" se dedicaran a robar, a mi no me iba esa historia. Recuerdo una vez que David, que era uno de los hermanos de Marcos, nos acompañó en una aventura a los tres una de esas duras mañanas de verano. Yo no tendría ni trece años, y me invitó a fumar. No me gustó, pero en aquel destartalado tren que nos llevaba a Bellvitge, nos sucedieron varias cosas aparte de una frustrada toma de contacto con uno de mis primeros cigarros.
Evidentemente no habíamos pagado billete, y cuando llegó el revisor, no tuvimos otra opción que saltar del tren en marcha. David, llevaba unos pantalones mimeta (militares), y al saltar la valla que nos separaba de la estación se los rajó de arriba a abajo.
Decidimos ir en la búsqueda de unos pantalones…
En una plaza cualquiera de Bellvitge cuyo nombre evidentemente no recuerdo, habían unos chiquillos de nuestra edad jugando a fútbol. Fuimos los cuatro para preguntar si podíamos jugar, y con caras de preocupación nos dejaron participar en el juego. Pronto empezamos a soltar patadas, y nuestros nuevos "amigos", se dieron cuenta que buscábamos problemas.
David, que era el mayor de los cuatro, se cansó pronto de la comedia, y sacó una navaja de su destrozado pantalón. Hizo que todos se colocaran en fila, y les quitó relojes, carteras, y cuanto objeto de valor encontró en su camino. Algunos lloraron, pero ninguno plantó cara aún siendo claramente superiores en número. El pantalón que más le gustó, fue el que se llevó puesto.
Yo me sentía fatal.
Sabía que eso no era lo que yo quería y que tenía que salir de ese círculo peligroso como fuese. Me costó salir, pero lo conseguí. Al principio me trataron como un traidor, pero poco a poco se fueron olvidando de mi y siguieron su camino en solitario.
Las caras de aquellos chiquillos no las recuerdo, pero supongo que para más de uno se convirtió en una experiencia sumamente desagradable. Incluso traumática. Yo, ahora, creo que la vida nos va poniendo pruebas, y que aquella, aunque evidentemente dura, fue superada con éxito. Pero, ¿que pasa con las pruebas más pequeñas?
En muchas ocasiones somos capaces de aprobar los exámenes más difíciles, pero suspendemos estrepitosamente en las pruebas más tontas.
Las amistades, son valiosos tesoros cuando son provechosos para el espíritu, pero son el peor cáncer que hay cuando son peligrosos para nuestra estabilidad emocional.
Aquellos que me conocen de hace relativamente poco, se sorprenden de mi juventud. De mi época de alcohólico y cocainómano. ¿Debo avergonzarme de mi pasado? Creo que no. Cada uno tiene la juventud que tiene, así como la familia que tiene, y sería muy hipócrita por mi parte querer mostrar una persona que no soy.
Yo soy así. Para bien, y para mal. De ello aprendo y de mis errores absorbo mis actos en mi aprendizaje.
P.D: Seré sincero. Me he metido un gramo de coca y más de media botella de Ballantines. No sé que es lo que espero de ello, pero lo he hecho. Siento envidia de la capacidad que tenéis de desconectar del mundo real. Quiero beber, pero no puedo. Soy alcohólico, y lo que hoy he hecho es un pecado capital. Pero necesitaba hacerlo. ¿Porqué?
Dentro de poco hará un año que dejé a una de las personas más importantes de mi vida. Erré como nunca antes lo había hecho. Fui impulsivo y me comporté como un imbécil, hiriendo a Raquel, una de las mujeres más maravillosas que he conocido nunca. Sino la mejor…
No lo he hecho por ella. Lo he hecho por mi. Para demostrar que un año después, puedo seguir siendo igual de idiota que entonces. Hoy también he herido a alguien. Ese "alguien" sabe quien es. Sólo pido que me perdone. Mi cabeza también funciona a trompicones, confundiendo las cosas y pensando que el mundo es un puto videojuego.
Hace un año culpé a la Navidad… esa puta fiesta que tormenta a aquellos que no tienen esa "clásica familia" para celebrarla.
Hoy, el único culpable soy yo. Nadie más que yo.
Lo siento.
Feliz Navidad!!!

Diciembre 25th, 2007 a las 11:35
Como siempre, te deseo lo mejor.
Feliz navidad.
Diciembre 25th, 2007 a las 12:30
Hoy me has dejado sin palabras… Sobretodo con la posdata. La verdad es que no se muy bien qué decirte, nunca se me ha dado bien dar consejos sobre cosas que realmente importan, y sinceramente, creo que tú no esperas un consejo.
Te doy mil ánimos! de todo corazón… y solo decirte que sigas luchando. Que TODOS la cagamos contínuamente, no hay que castigarse por eso.
Un besazo enorme, porque parece que en estas fechas se necesitan más…
Diciembre 25th, 2007 a las 13:19
Pienso lo mismo que nAt, con la postdata me has dejado a cuadros. En cuanto a la juventud, pues todos tenemos nuestros más y nuestros menos, y creo que no es necesario ni ocultarlo ni sentirse mal por ello.
Quizá no necesites ni quieras un consejo en estos momentos, pero creo que lo último que acabas de hacer es más perjudicial para ti que todo lo que pudieras hacer un tu juventud…
Ánimo, tío.
Diciembre 25th, 2007 a las 14:18
Se que no necesitas que ninguno de nosotros te digamos nada, porque sabes lo que haces.
Espero que te mejores y que no hagas ninguna tonteria mas (lo siento, tenia que decirlo).
Cuenta conmigo para lo que necesites y “Feliz Navidad”.
Diciembre 25th, 2007 a las 15:03
Gracias a todos chicos. Sé que ha sido una tontería y aprecio todos vuestros consejos. Cuando uno hace el imbécil hay que decírselo. Y yo lo he hecho y lo sé.
Pero no os preocupéis, que no pasa de aquí.
Diciembre 25th, 2007 a las 21:37
¡Feliz Navidad!
Y ahora pasemos a la realidad …
¿Quieres sinceridad?
Te daría una buena hostia en toda la cara por hacer algo así, sabiendo que no te hace falta, que puedes ser más fuerte … luego te daría un abrazo fuerte.
Alex, el sufrimiento es parte de nosotros, es algo tan humano que dejaríamos de serlo si dejaramos de sufrir.
Apóyate en quienes más te quieren y olvida las penas, no sirven para nada.
Un abrazo.