Alguien dijo alguna vez que segundas partes nunca fueron buenas. Y a “alguien” no le faltaba razón…
Jueves 24, seis de la tarde, en un Corte Inglés cualquiera buscando algo decente de rebajas por la sección de moda joven. Pantalones, un par de camisetas, cuarenta y tres Euros. Preparado para la guerra. Tengo unas buenas vibraciones de la hostia.
Viernes 25. Deseando que llegue el sábado. Salimos a celebrar la mayoría de edad del ruso. 18 añitos, rubio, ojos azules, modelo, más de un metro ochenta de altura y todo puro músculo. Natación desde pequeño. Ocho Kilómetros diarios de piscina durante muchos, muchos años. Luego, se pasó a musculación. Un puto armario que pone a las tías muy, pero muy cachondas. Además de Sergio (el ruso), íbamos los tres mosqueteros de la otra vez: Steven, Jose Antonio y el menda. Tengo unas buenas vibraciones de la hostia.
Quedamos a la 1 de la madrugada en el Impactos. Paso a buscar al ruso que no tiene moto y me toca a mi llevarlo por tenerla más grande. La moto, se entiende. Yo llego antes y él sale antes. A las doce y media ya estamos en el lugar de encuentro y empezamos a apalancarnos. La una. La una y cuarto. La una y media y seguimos los dos solos. Llamo a Jose Antonio. Nada. Señal, pero nada. Llamo a Steven y lo mismo. Nada de nada. Viva la puntualidad. Las buenas vibraciones empiezan a desvanecerse.
El Steven se presenta a las dos menos cuarto con no sé qué excusa de que había salido de casa sin dinero y había tenido que volver… Tampoco le hago mucho caso porque lo conozco como si lo hubiera parido. Pero Jose Antonio que es bastante más responsable me preocupa. Me preocupa, pero poco, porqué a las dos y cuarto partimos rumbo a nuestra nueva discoteca favorita: Feeling.
Entramos, mano izquierda, guardarropía, media vuelta, directos al baño, meada y a la barra. Mi primer San Francisco. Desde la barra hay una pequeña subidita que permite una vista mini aérea de la pista. Busco con la mirada a “Nuria“. Veo muchas caras de la última noche, pero no encuentro a “Nuria“.
Bajo la oscura columna que asoma por la derecha de esta fotografía que he cogido de la web de Feeling se encontraban dos rubias, una bajita y poco agraciada, y junto a ella, una alta y más agraciada. Pelo rizado, ojos claros y de rasgos faciales finos. La alta, que siguiendo el estilo del anterior post denominaré “Rebeca” por su similitud con una niña de la infancia que volvía loco a uno de mis amigos, puso sus ojos sobre Sergio, el ruso. Era algo evidente, porque el chico destaca un poco en todos los aspectos. Vi como se agachaba para decirle a su amiga que por la barra había un tío buenorro. Yo sé lo digo a Sergio, y acto seguido me vuelvo a mirarlas y sorprendo a “Rebeca” mirándome mientras le dice algo a su amiga. Lo tomo como algo casual y no le doy más importancia.
Pasan veinte segundos y vuelvo a mirarlas y sorprendo de nuevo a “Rebeca” mirándome otra vez. Lo vuelvo a tomar como algo casual.
Al cabo de unos segundos repito. En esta ocasión no me mira, pero el sorprendido fui yo, ya que en breves segundos gira bruscamente la cabeza y me coge con los ojos clavados en ella. Sonríe. Yo sonrío. Ha empezado una guerra de coquetería. No es casual.
Apoyado en la barra, con mi San Francisco en la mano, hago alarde de una seguridad que en la práctica no poseo. La miro de manera descarada una y otra vez. Ella también me busca, pero en todos los intentos me encuentra con mi vista fijada en ella. Una y otra vez.
Así, hasta que nos fuímos. Si, como lo leéis.
Es triste, pero no fui capaz de acercarme a ella a decirle absolutamente nada. Me cambiaba de sitio y los juegos de miradas continuaban. Al final, hasta se cambió de posición para acercarse un poco a mi. Pero ni por esas tuve los santos cojones de acercarme a decirle nada.
Salía mi diálogo interior…
- Pero tío, quieres acercarte de una puta vez!!!
- Si, claro, para ti es muy fácil decirlo.
- Pero ímbecil, si yo soy tu. Que estás hablando contigo mismo!!!
- Ya. Ya. Pero es que tengo miedo a hacer el ridículo.
- ¿El ridículo? ¿Te acuerdas cuando salías borracho y te ponías a dar volteretas en medio de la carretera? ¡Entonces hacías el ridículo! ¿Que coño te va a pasar por acercarte y decirle algo?
- No sé…. ¿Y si muerde?
- ¡Los cojones! ¡Piensa lo que te digo…! Como se suele decir en estos casos, el NO ya lo tienes. Si no lo pruebas te arrepentirás, pensando en que habría pasado si le hubieras echado huevos.
- Joder, no tengo la chispa que tenía antes cuando bebía. Ya sabes, éramos los putos amos. Ahora me cohíbo, me paralizo… Pienso demasiado en las consecuencias.
- ¡Dos hostias es lo que necesitas! ¿Las consecuencias? ¡Las consecuencias son que te vas a seguir matando a pajas gilipollas!
- Oye, sin faltar eh. Pero no sé, me lo tengo que pensar. No sé si intentarlo…
-¡Hazlo, o no lo hagas, pero no lo intentes!… Y ya te aviso, te vas a arrepentir.
(mi diálogo interior duró varias horas más)
Cuando vi que se iban a ir, me apresuré para decirle a Steven y Sergio que nos íbamos. Volvimos a coincidir en guardarropía, como la vez anterior con “Nuria“, quizá con la patética esperanza de que en unos breves instantes fuese capaz de hacer lo que no pude hacer en toda la noche.
Evidentemente, no hice nada, y nada más salir empezó el arrepentimiento.
Me monté en la moto, dejé a Sergio en la parada de metro, e inmediatamente después me sentí como un auténtico gilipollas. Así, hasta hoy.
El sábado que viene volveremos a salir. Carnaval. A ver que cojones pasa con la tercera entrega de “el mercado de la carne”. Al final voy a montar un serial.
Por cierto, Jose Antonio se quedó dormido en el sofá y tenía el móvil en la habitación. Ya se ha puesto la alarma para el próximo sábado. Para matarlo…

Enero 29th, 2008 at 9:52
A pesar de lo triste de la historia por no atreverte a lanzarte la cuentas con tanta gracia que no puedo evitar pasármelo bien. No te lo tomes a mal pero es que eres la caña redactando historias. Lo mejor, el diálogo interior.
Un beso.
Enero 29th, 2008 at 10:15
Bueno tio, a ver si a la próxima te atreves. Tampoco te tortures mucho.
Pero eso si joder, a la tercera va la vencida! Hazlo por todos nosotros
Febrero 6th, 2008 at 23:26
Chaval, me solidarizo totalmente contigo. Joder hasta en el diálogo interior!!!!!!!!!! Me cagüenlaleche eso me ocurre a mí en multitud de ocasiones.
Que desperdicio en ambos casos, verdad?Jajaja
PD: Increíble lo de Jose Antonio, todos preocupándonos de él,y el tipo disfrutando de un momento de relajación. Jejeje. La releche!
Febrero 10th, 2008 at 14:27
Me espías? Y luego cuentas mis historias en tu blog?
Ay si… igual igualito me pasa a mi, pero bueno, así la vida…
Un saludo^^
Febrero 10th, 2008 at 22:27
Lo de tu amigo no tiene nombre, jejeje
Lo de Rebeca…vaya chaval, te tocan las difíciles,jeje
Febrero 11th, 2008 at 12:50
jeejejejejjejeje.
Eso pasa mucho y a mí me ha pasado muchíiiiiiiiisimas veces. Joder, es que no es fácil ligar en un ligódromo como la gente se cree joder.
ES muy violento acercarte a una tía a quien no has visto en tu vida y comerle la oreja para intentar ligar algo. Y aguantar esa comida de oreja durante un buen rato es más chungo todavía…
un saludo.