Una de las cosas que más me ha intrigado siempre es saber porqué cuando vemos algunas desgracias ajenas nos sentimos afortunados. Es como si ese mal que otro acarrea nos hiciese sentir más ligeros y casi ignorásemos las cargas que hasta el descubrimiento de dicho pesar ajeno se nos hacían imposibles de tolerar.
Siempre hay alguien peor que tu. Cuando aceptas esa realidad, de manera egoísta, te sientes mejor.
Ayer conocí a alguien que estaba realmente jodida. Con 31 años ha tirado la toalla. Le partieron el corazón y no ha sido capaz de reemprender el rumbo de su vida. Se plantó, encerrada en casa con sus dos gatos, confiando que aquel que un día le abandonó, vuelva para perdonarlo.
Dos años hace ya que eso pasó, y no se siente con fuerzas de volver a amar a nadie. Se casó porqué le amaba, y todavía lo ama. Y por eso sigue a la espera… sin saber que es lo que espera.
La verdad es que me dio rabia. La acabo de conocer, pero me parece una persona completamente limitada por ella misma. Como Kafka en su “Metamorfosis“, enredada en su propio capullo sin saber como ha llegado a ese punto, sin poderse mover. Pero en el fondo es ella la que no se quiere mover. Inteligente y luchadora, ha conseguido un trabajo que más de uno querría. Es físicamente atractiva, lo que yo, vulgarmente, acostumbro a resumir en un: “Está buena de cojones”. Pero cayó en picado y no parece que tenga muchas intenciones de levantarse.
Me entraron ganas de darle un abrazo. Luego, de darle un par de hostias para hacerle ver que su vida está frente a sus ojos, pasando imperturbable, sin contar con ella, y mucho menos con él.
Lo veía todo tan claro desde la comodidad de mi habitación… ¿Porqué no lo veía ella igual de claro? ¿Porqué no podemos desactivar los sentimientos para poder volverlos a activar con alguien que realmente se lo merezca?
Cuando los sueños se rompen es muy difícil volver a reconstruirlos. Hay que cambiar de escenario… y de protagonista.
Yo ya he rehecho el escenario. Ahora me falta la protagonista.
Sin saber porqué, cuanto más me enfadaba por el comportamiento de mi “nueva amiga”, mejor me sentía yo. Era como si la fuerza que le tenía que transmitir me la fuese guardando para mi. Y cuando me quise dar cuenta, estaba dando gracias por ser tan afortunado. Por no haber lanzado mis sueños contra una red en medio del océano. Por seguir teniendo ganas de luchar.
He estado hecho una mierda, pero no voy a rendirme. Sé que son momentos pasajeros, que tarde o temprano pasarán. Ahora, inexplicablemente me siento jodidamente bien.
Es una situación muy extraña. Ver que el equilibrio del mundo esta tan bien repartido entre los que sufren, y los que hacen sufrir. Entre los que viven, y los que no quieren vivir…
…el miedo a traspasar la frontera
de los nombres,
como un extraño.
dibuja la espiral de la derrota
y oscurece tantos halagos,
sol, en la memoria que se va…
y duerme un poco más,
los párpados no aguantan ya,
luego están las decepciones
cuando el cierzo no parece
perdonar.
sirena, vuelve al mar,
varada por la realidad.
sufrir alucinaciones
cuando el cielo no parece
escuchar.
“Sirena Varada” - Héroes del Silencio.