Cuando una persona es un poco limitada se suele decir que tiene pocas luces. De ahí frases tan chistosas como "Tiene menos luces que una lancha de contrabando". Corto, tonto, retardado, disminuido… El caso es que hay muchas maneras para denominar a una carencia que para nada hay que tomarse a broma.
En el cole de mi hija hay un padre que "tiene pocas luces". Su hijo, también parece que haya heredado dicha carencia intelectual. Siempre anda cabizbajo, casi siempre sin amigos. Pero en la relación padre-hijo hay algo que los hace únicos, especiales. Se entienden como sólo un padre y un hijo lo pueden hacer. Nunca veo a la madre. Los jueves, el día que voy a recoger a Miriam, siempre lo veo a él.
Por cosas de la cruel ironía, el señor de "las pocas luces" regenta una tienda de iluminación y se especializa en bombillas. Es un trabajo simple. Sentado en una silla detrás del mostrador lo encuentro leyendo un diario gratuito estilo 20 minutos o similares. Cuando entro se levanta enérgico de la silla bien dispuesto a atenderme. El "señor de las pocas luces" tartamudea. Me da un poco de lástima.
Detrás de la silla donde hace unos segundos estaba sentado hay una pequeña colección de fotografías, colgadas con celo en el lateral de un armario de metal, antiguo y rosoño, como los que teníamos en la mili. Allí puedo ver a una guapa mujer con su hijo. Otra foto muestra todo un equipo de fútbol dónde deduzco estará su hijo, pero soy incapaz de encontrarlo con tan solo un vistazo. Ahora siento todavía más lástima. Pero no por él, si no por mi.
Me jode mucho ahondar en mis errores. Sé que todo el mundo los tiene y que lo adecuado sería analizarse profundamente con tal de solventarlos. Pero muchos de ellos muestran mis más penosas miserias. Uno de ellos es la sensación de superioridad que muchas veces muestro hacia determinados colectivos. Sé que esa sensación de lástima suele salir sola, sin necesidad de ser llamada, pero no es eso a lo que me refiero. A raíz del asunto del "señor de las pocas luces" volví a recordar uno de mis grandes defectos.
Soy clasista.
Clasifico a las personas y descarto aquellas que no son iguales a mi. Este chico es poco inteligente, por eso es un mierda. Este chico es demasiado inteligente, por eso es un mierda. Este chico es muy feo, gordo, viste mal… es un mierda. Me siento mal hablando con cualquiera de ellos, como si yo fuese la gran persona perfecta que evidentemente no soy. No tengo nada personal con ninguno de ellos, pero es un mal hábito que adquirí en mi etapa alcohólica. Algo que inconscientemente se quedo grabado en mi y ahora estoy intentando sacar por cojones. Mis antiguos amigos eran chicos con dinero y siempre hablaban con desprecio del resto del mundo. Desgraciadamente algo de eso se me pegó.
Saliendo de la tienda de bombillas pensaba en cual sería la vida del hombre "de las pocas luces". De los problemas y dificultades que ha encontrado y encontrará en su camino. De los que encontrará su hijo. De los que me he encontrado yo.
Y no, no somos tan distintos.

Junio 22nd, 2008 at 13:59
Y tú que clase de chico eres?
Junio 22nd, 2008 at 20:06
Creo que en el fondo todos somos así. No es una cosa tan inusual.
Pero cada uno tenemos lo nuesto.
Junio 23rd, 2008 at 15:36
tranquilo, no eres el único. De hecho, el inconsciente utiliza este sistema de pre-juicios (quitando toda connotación negativa) para evaluar situaciones de manera rápida. Es algo que nos viene determinado genéticamente; por un lado tenemos nuestro sistema inconsciente y por otro, el consciente.
por ejemplo, oyes un ruido caminando por la calle, te apartas y pasa un camión a toda pastilla por donde estabas hace un segundo; no lo has pensado, no has dicho ‘hay un curioso ruido a mi espalda, como de camión sin frenos’. Eso es inconsciente. Pero los ‘juicios rápidos’ son simplemente un elemento evolutivo, si no van acompañados de un condicionamiento social agudo.
Y cómo seé yo esto? pues no lo sé, me lo ha contado el señor Punset, en un libro :-). Estoy leyéndomelo ahora mismo, y he llegado a la eterna discusión de si la inteligencia y las emociones tiene origen exclusivamente genético, exclusivamente social, o como siempre, es una amalgama de ambas
El libro es “el alma está en el cerebro” y cuenta cosas bastante interesantes, como por ejemplo, el papel fundamental de nuestro neocortex en la inteligencia (y como dichza inteligencia se basa en la capacidad de nuestro neocortex de extrapolar acontecimientos futuros) y de la curiosa preferencia de nuestro cerebro por darnos una versión completa del mundo antes que una real
Junio 23rd, 2008 at 15:40
por cierto, que el libro ahonda también en una cosa que jode bastante a mis amiguetes profesores y sociólogos; el hecho de que la colaboración, la empatía es, inicialmente, fruto de la evolución, puesto que dos individuos tienen más posibilidades de ‘perdurar’ trabajando en común que uno solo, y no fruto de la educación o de la formación de la sociedad. Vamos, que no es cierta la visión de que somos una ‘tabla rasa’ sobre la que la sociedad escribe las instrucciones.