San Valentín escéptico
Domingo, Febrero 14, 2010 21:03El otro día leía un tanto sorprendido que el apóstol Santiago nunca pasó por Compostela. Es más, decían que jamás puso un pie en España. Entonces… ¿los miles de peregrinos que se pegan la caminata de la muerte (casi prefiero acompañar a una mujer de compras) a quien rinden su personal homenaje? Pues algunos dicen que a un tal Prisciliano. Una de mis primeras novias se llamaba Priscila, y aunque pensé en su momento que era un nombre especial e incluso bonito, usado en su modo masculino suena horripilante. Pero vamos, nada fuera de lo común dado que el mentor de Prisciliano se llamaba Delphidius, la mujer de éste era Eucrocia y que la hija de ambos tenía el original nombre de Prócula. Más tarde hizo fieles de nombres Felicísimo, Asarino, Armenio, Aurelio, Latroniano… Nombres divertidísimos en comparación con los aburridos nombres católico-cristianos que la mayoría de nosotros posee hoy día.
Prisciliano tiene en su honor ser considerado el primer hombre asesinado por herejía. Entre sus ideas destacaban el rechazo a la opulencia de la Iglesia, su desacuerdo a la unión de la Iglesia con el Estado, su intención de dar acceso a la mujer a las lecturas de la biblia, e incluso permitir que el clero llevara el pelo largo…
Sinceramente no creo que a la mayoría de creyentes les importe una mierda, acostumbrados a vivir en un mundo de fantasía, mitos y leyendas. Pero creo que después de hacer en algunos casos más de mil kilómetros tienen el derecho de saber con quién van a encontrarse. O mejor dicho, saber de quién eran los restos óseos que hay dentro de la tumba con la que se van a encontrar.
Personalmente me atrae mucho más la idea de ir en peregrinación en favor de un tío como Prisciliano que no en nombre de Santiago. Pero ahora mismo no entra en mis planes hacer ningún tipo de peregrinación.
Pero vamos al caso de San Valentín que es lo que me ocupa. Volviendo al tema de los mitos, leyendas y demás parafernalia nadie sabe muy bien quien fue exactamente Valentín. De hecho, hay tres claros candidatos. Dos no interesan a nadie y del otro se decidió montar un circo. El que interesa fue un obispo rebelde. Os cuento un poco así por encima la historia leyenda:
Dícese que en el siglo III había un emperador romano llamado Claudio III que era una especie de hombre adelantado a su tiempo. Más bien de empresario adelantado a su tiempo, ya que cayó en la cuenta que los soldados con vínculos matrimoniales rendían menos que los soldados solteros. Una verdadera lástima que 20 minutos no existiera entonces para hacer un estudio sobre ello…
El malvado malvadísimo emperador prohibió por este motivo todos los matrimonios de sus trabajadores soldados, algo con lo que nuestro superhéroe el obispo San Valentín no estaba de acuerdo.
Así es como nuestro obispo se dedicó a trabajar en negro y a casar en secreto a los pobres soldados que querían tener sexo con el visto bueno del señor…
Cuando el colega Claudio III se enteró no hay que decir que se puso de muy mala hostia. Así que pilló al obispo y lo encerró hasta que la administración tuviera un hueco para rebanarle el cuello. Allí fue cuando según la leyenda un carcelero le presentó a su hija ciega para que le enseñara no sé bien el qué. Cuando estaba a punto de ser ejecutado, Valentín hizo lo último que una persona cuerda haría, y es darle una carta a la hija ciega del carcelero. Vendría a ser el equivalente de regalar un mp3 a un sordo… Dicha carta parece ser que la firmó con “De tu Valentín”
Dudo mucho que nuestro señor obispo tuviese algún tipo de intención oculta con la pobre niña ciega, pero parece ser que el resto del mundo lo interpretó algo mal y creó la tradición, algo más bonita todo hay que decirlo, de escribir una carta llena de cositas bonitas a su amor y firmarla con “De tu Valentín“. ¿Qué no hacéis eso vosotros? A no, es verdad… luego llegó el Corte Inglés…
El jefe de el Corte Inglés debe de ser pariente lejano de Claudio III. No sé cómo ha llegado a hacernos creer que lo que nuestra pareja necesita no es una carta de amor, sino un reloj de oro o cualquier otra muestra de la sección de joyería de la planta cuarta. Pero de hecho lo ha conseguido.
En estos tiempos de crisis hasta las parejas escasean. Y es que hoy en día tener novia es más caro que el seguro del coche fantástico. Y no está el horno para bollos, os lo dice el hijo de un pastelero en paro.
No os gastéis un puto euro y escribir una buena carta a mano, nada de ordenador, perfumada a poder ser y escondida en el redoble de una servilleta mientras disfrutáis de una bonita cena romántica a la luz de una velas.
Lo tienes que hacer jodidamente mal para no follar esa noche.
Gracias San Valentín.
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