Resumen de la semana de mi cumple. (II parte)

Miércoles, Octubre 11, 2006 17:03
Escrito en la categoría General

Miércoles.

El dormir con las almohadas correspondientes a nuestra flexibilidad cuellar (vaya vocablo que me acabo de inventar) facilitó un poco el descanso. Pero sólo un poco.

Según Raquel estuve toda la noche pegando botes en la cama como si fuese un pececito fuera de su pecera. Me imagino dando saltos como una sardina… Ella se asustó porque dice que vio cosas raras en el espejo del armario. Algo parecido a unos ojos… Le prohibí ver más a Iker Jiménez, e intentamos descansar.

Una de las cosas que me hacía sufrir era la moto. Tenía el neumático algo gastado. Y con los problemas que me está dando la condenada y teniendo en cuenta que su futuro está menos claro que el de Luís Aragonés decidí esperar un poco hasta ver que es capaz de hacer este nuevo mecánico. No hay que olvidar que cambiar las ruedas cuesta la friolera de 350 €. Demasiado, si en noviembre decido venderla.

Así que cuando llegamos a Lleida me di cuenta de que la muy desgraciada no sólo se me había quedado sin dibujo, ya que de eso ya hacía tiempo que lo había advertido, sino que la cabrona se me estaba abriendo cual vulgar defensa roja, y en cualquier momento dejaba ver sus tripas. Se me pusieron los huevos de corbata. Y todo por no gastarme pasta…

Al final decidí echarle huevos (tampoco tenía muchas opciones estando a 160 Km. de casa) y hacer como si nada pasara, ya que el primer día, el martes, se portó como una campeona.

El recorrido del día era bordear el embalse de Rialb y avanzar por el camino perimetral hasta llegar al nacimiento del río de mismo nombre de donde vimos por Internet unas fotos chulísimas. La chica de la casa nos dio un mapa muy completo donde las carreteras aparecían y desparecían como por arte de magia y de pronto nos encontramos con un problemilla insignificante. El camino perimetral al pantano se había convertido en un camino de cabras con más piedras que estrellas hay en el universo. Y nosotros, con una moto de carretera, y sin neumático. 

Ni que decir tiene que yo me metí pensando en que aquello era nada, un caminito que luego volvería a transformarse igual que se transformó con anterioridad en una preciosa carretera de asfalto y demás. Iluso que soy… Aquello parecía un rally París-Dakar que no tenía fin. Y yo pensando en la rueda…

La Baronía de Rialb, donde nos encontrábamos, es la región más extensa de Lleida y la menos poblada, según decía el folleto que nos entregaron. Lo que dicho de otra manera quiere decir que no había ni cristo, y que todo eran putos arboles y mucha montaña con caminos de piedras. Evidentemente si la gente no se molesta en asfaltar los caminos porque no hay gente… ¿Para que vamos a poner antenas de telefonía?

La situación se resumía en:

  • Estábamos en medio de la nada.
  • Si lanzábamos una prueba nuclear (como los coreanos estos) tampoco se enteraría nadie. No había cobertura ni de broma.
  • La moto me tenía acojonado y el camino era una bomba de relojería.
  • El tiempo estaba muy pero que muy feo. Se veían unos nubarrones que daban miedo

Al final, después de mucho rezar a David el Gnomo y sus compañeros de las montañas del mundo conseguimos llegar a un puentecito de piedra de un metro y medio de ancho (aproximadamente el ancho justo de las ruedas de un coche, poco más) donde decidimos descansar un poco para relajarnos, porque al menos yo tenía los nervios destrozados.

Dejamos un casco y la mochila encima de la moto mientras yo sostenía mi casco con la mano izquierda. En la derecha la cámara, por supuesto. En un momento en que Raquel estaba por el río encima de unas piedras a mi me da por revisar la rueda de atrás. Sorprendido de que haya aguantado hago lo que todos los hombres entendidos de mecánica hacemos en momentos de dudas. Le damos una patada a la rueda, a ver si se deshincha.

En el momento en que le doy la patadita a la rueda de atrás siento como la pata de cabra se desplaza precipitadamente y se recoge, procediendo a dejar la moto en equilibrio durante unos segundos, ya que la física hizo el resto. La moto se volcó mandando el casco y la mochila al río.

Me estiré y conseguimos recuperar las dos cosas, mojadas, y aún rezamos porque la moto no se hubiese caído también. Entonces sí que me hubiese reído un rato. Cuando levanté la moto me di cuenta de que la maneta del embrague había cogido una curva muy personal. Aún no entiendo como no se partió, pero la maneta estaba doblada como hace el payaso aquel, de cuyo nombre ni me acuerdo ni quiero hacerlo, con las cucharillas.

La moto no arrancó. Se tiró unos minutillos haciéndome encoger el corazón hasta que al final arrancó. Pero al meter primera, la moto se calaba. Estuve a punto de derramar alguna lagrimilla mientras miraba las piedras, el neumático, el bosque, las nubes negras y mi teléfono sin cobertura. Al final la moto arrancó.

En cuanto llegamos a una carretera decidimos que le iban a dar por culo al nacimiento del río de los cojones y que nos íbamos para casa antes de que nos cayera el aguacero. Justo cuando cogimos la carretera empezó a llover. Nos mojamos pero poco. Así llegamos a casa y nos encerramos hasta el día siguiente.

Uau, que aventura. ¡Y una mierda!

Jueves.

El jueves fue el mejor día. El tiempo volvió a cambiar y vi mucha agua. Uno de los motivos de ir por esas tierras era para ver los ríos y pantanos de la zona. Yo soy un chico de ciudad que ha visto poco mundo y me sorprendo con poca cosa. Así empezamos nuestra aventura.

Las vistas fueron cojonudas. Camarasa, Cellers, el Castell de Mur, etc. Todo lo podréis encontrar ya en mi cuenta de Flickr. Nos desplazábamos donde queríamos sin prisas. Eso sí, los restaurantes no parecían ser un negocio rentable. Casi no habían. Al final encontramos uno bueno de carretera conde comí un entrecot buenísimo con salteado de bolets (setas).

Seguimos subiendo hacía el norte hasta llegar a los 80 Km. de la casa de Montsonís. Todo el día fue genial. Con buen tiempo hicimos las mejores fotos del viaje. No hay anécdotas, sólo buenas fotos, buena comida (a Raquel le hicieron demasiado la carne, pero la mía estaba cojonuda) y ningún incidente con la moto.

Viernes.

El viernes fuimos al Monasterio de Salgar. A mi personalmente no me encantó, pero tenía su gracia que estuviese prácticamente incrustado en la montaña. Un matrimonio de payeses nos entregó las llaves, previa entrega de DNI, y tuvimos toda la libertad de entrar a nuestro aire.

Al devolver las llaves vimos por dentro el castillo de Montsonís. Y para mi sorpresa me dejaron hacer fotos. El castillo está habitado y se conserva muy bien. Lo que más me sorprendió fueron las explicaciones de la guía, que se veía que estaba muy enterada del asunto. Así, mientras comentaba cosas del presente nos situaba con historias del pasado. Genial.

F ue impresionante ver una celda de las de antes, una mazmorra. Con bola de veinte kilos y cadena, suelo de paja y un ambiente húmedo que dejaba helado. También me gustó saber del pasadizo secreto, que llevaba a unos tres mil metros del castillo, a la orilla del río. ¡3 Kilómetros de pasadizo secreto cavado a pico y pala!

Realmente sorprendente.

Después de la visita al castillo volvimos para casa. La moto se portó bien y al llegar a Barcelona la cosa me preocupó aún más ¡La rueda mostraba la lona que había debajo! Huy que miedo…

Fui a casa y dejé la bolsa para coger otra, y la guitarra, para mi próxima escapada, esta vez a Girona.

Y eso será otro post…

Actualización: Ya están disponibles todas las fotos de la semana. Ver los sets. Son los diez primeros.

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