Semilla en la tierra

… y también porque el querer es temblar a veces.

   A veces tengo la sensación de haber errado en mi etapa de crecimiento. De ser una flor que creció en un cuerpo de cactus, repleto de espinas que hieren a aquellos que osan tocarme.

   No sé donde llegué a leer que siempre se puede volver a empezar de cero. Así empiezo yo de nuevo; desde el principio.

   Vuelvo a ser, esperando una mejor suerte, una semilla en la tierra.
 

15 de noviembre: El día sin alcohol

Posted by: SISOR | Posted in: Alcoholismo, Personal

Esto iba a ser un post más elaborado y estudiado, pero he tenido que salir y al final no he tenido tiempo de prepararme nada. Simplemente me he puesto a escribir…

Me llamo Àlex y soy alcohólico.

Esta era mi presentación en el grupo de Alcohólicos Anónimos y también la he utilizado en alguna que otra entrada referente a mi enfermedad en este blog. Y esta vez no es una excepción.

Me entero gracias al blog de Alexliam, que hoy es el día sin alcohol. No sé si servirá de algo, pero espero que al menos alguien tome conciencia de que el alcoholismo es una enfermedad real, y por desgracia demasiado cercana, y que no se puede ni debe ignorar.

Para bien o para mal, os guste o no, el alcohol es una droga. Eso sí, es una droga legal y socialmente aceptada. Eso cambia radicalmente las cosas. Uno no se puede meter una raya en público porque rápidamente será tachado de drogadicto. Pero en cambio, una persona se puede tomar tres copas al día y se le puede denominar como “de espíritu alegre”.

No tengo nada en contra de la gente que bebe. Ojalá yo fuera capaz de mantener un ritmo normal y tomarme una copa con los amigos de vez en cuando. Pero no puedo. En cuanto pruebo una gota de alcohol mi cuerpo se descompone y cambia radicalmente. Rápidamente me animo, y mi mecanismo de autoengaño empieza a funcionar diciéndome que otra copa me vendría bien. Y luego otra. Y otra. Y otra… Y así hasta que hago y digo cosas de las que luego me suelo arrepentir.

El alcohol ha marcado siempre mi vida. Desde mi carácter a mis acciones, pasando por el control de mi estado emocional. Dicho de manera llana: el alcohol era directamente responsable de mis actos y aunque parezca mentira, mis esfuerzos por ser yo mismo, siempre se veían mermados por la escasa capacidad de razonar que me brindaba el alcohol. No es que no razonase, ya que mi mente se aceleraba cuanto más alcohol ingería, era más bien que mis razonamientos no eran los correctos.

Esto deriva en que llegué a pensar cosas como que yo era el más inteligente de cuantos conocía, que los demás no me entendían porque se pensaban que tenía un problema y yo sabía claramente que no era así, que mis pensamientos y razonamientos siempre eran la verdad absoluta… Y un largo etcétera que se convirtieron en muchos problemas y manías que luego costaron de arrancar de mi yo más interno.

Ahora llevo casi cuatro años sin beber. Tuve una recaída de un par de meses, que me demostró que la gente de Alcohólicos Anónimos tenía razón: El alcoholismo es para toda la vida y es inútil controlarlo. En una despedida de soltero me dio por pegar un trago por la ocasión y a los pocos días ya estaba bebiendo a escondidas. Engañe a mi novia (ocultándole que bebía) y a todos los que confiaron en mi. Pero a quién más engañaba era a mi. Tarde dos meses en darme cuenta de que estaba otra vez igual que antes, bebiendo mucho y haciendo tonterías. Pero volví al grupo de Alcohólicos Anónimos y lo conseguí volver a dejar. Hasta ahora.

No quiero repetirme más acerca de lo que ya he escrito. Pero hoy, como día sin alcohol, me gustaría llegar a hacer unas cuantas reflexiones sobre el tema. El primero, evidentemente, es el concepto erróneo que la mayoría de la gente tiene del alcohólico.

¿Quien de estos dos diríais que es alcohólico?

vagabundo

 

alex

El de arriba no lo sé, pero el de abajo, que soy yo, sí que lo es.

La mayoría de la gente tiene un concepto equivocado de lo que es un alcohólico. Un alcohólico tiene fases, por supuesto, y no nace convertido en la imagen del hombre de arriba. En medio de ese proceso, el sujeto se va pudriendo, estropeando. Va perdiendo todo lo que tiene en la vida: pareja, amigos, trabajo, su autoestima, etc. hasta llegar al extremo del señor de arriba.

Hay alcohólicos en casi todas las calles, en tu finca, quizá en tu familia. Puede que no los reconozcas o que no quieras reconocerlos. El alcoholismo afecta a hombres, mujeres, ricos, pobres, listos, tontos, blancos, negros, etc. No hay ninguna distinción. Es por ello que la gente tiene que dejarse de tonterías y de estereotipos. Yo he conocido alcohólicos banqueros, empresarios, padres de familia respetables, etc. No necesariamente el alcohólico tiene que ir ligado a una historia de violencia doméstica. Un alcohólico es una persona normal, pero enferma.

El tiempo me ha demostrado que un alcohólico puede vivir sin alcohol. Es duro, no diré que es fácil. Cuando uno deja de beber automáticamente se convierte en un bicho raro. La gente se extraña. ¿Porqué no bebe? Recuerdo en un fin de año con los amigos de mi ex y las explicaciones que tuve que dar para evadir la respuesta directa. Había una menor en el grupo y me reprimí de explicar mi realidad. Pero lo cierto es que me sentía algo violento por la constante invitación (de manera inocente, por supuesto) a beber que me hacían. Era tan extraño que una persona no bebiese nada en fin de año…

Luego, me fui haciendo fuerte. Ya no decía de manera tímida que no bebía. Lo hacía con seguridad y sin miedo a quedar como una personita chiquita que no bebe porque no es mayor. Me importaba un poco una mierda eso del que dirán, y en la boda de mi colega Jordi, por ejemplo, no dudé en rechazar la copa de cava en la recepción y pedir una Coca-cola Light ante el asombro de los camareros. Tenía claro lo que soy y lo que seré el resto de mi vida.

Ahora, mi parte de conciencia absoluta ya está asumida. Ahora falta retocar ciertos aspectos emocionales que quedaron destrozados. El espíritu se envenena con facilidad cuando el ego es la luz que nos guía. Y con el alcohol, mi ego era jodidamente enorme. A nivel emocional, al dejar de beber me quedé hecho polvo. Siempre había equilibrado mis emociones a base de alcohol, bebiendo de manera constante hasta conseguir un buen estado o uno en lo que todo me importara una mierda. Cuando estaba triste un poco de alcohol animaba el asunto y cuando estaba alegre, siempre se podía estar un poco más.

Cuando le cerré el grifo al alcohol mi ansiedad se acrecentó. Tenía temblores y molestias físicas, y estaba tenso e irascible. Después, vino una oleada de bienestar. Dejé de fumar tres paquetes de tabaco al día, conocí a Raquel… Todo se convirtió en maravilloso. Luego, con la monotonía, volvió la necesidad. Y con la necesidad, el mono. No es sencillo cuando has convivido tanto tiempo con una dependencia.

Ahora estoy en un paso difícil. En el que tengo que aprender a vivir conmigo mismo. Si no soy capaz de hacerlo, a duras penas podré convivir con alguien. Me exijo demasiado, y de manera inconsciente me meto en trampas depresivas. Sé que debo de evitarlas, y sé como hacerlo. El problema es que a veces tengo tantos ataques de pena que en ocasiones me rindo. No soy tan malo. De hecho, me considero una buena persona. He hecho daño, y mucho, pero siempre ha sido de manera involuntaria.

Mis padres también son alcohólicos. Mi padre tiene cirrosis y está hecho una mierda. Hace un par de meses estuvo dos semanas ingresado mientras le quitaban líquidos y le hacían analíticas. Yo no acabaré como él. Tengo muchos motivos para luchar.

Sé que es difícil pero me gustaría que alguien me entendiera…

Si alguien tiene alguna pregunta que le gustaría hacer a un alcohólico, ya sabe a quien puede acudir. Estoy abierto a todos y encantado de responder vuestras dudas.

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Y quien te ha dicho que quiero que conduzcas por mi?

Posted by: SISOR | Posted in: Alcoholismo

Sí, se que esta frase para enmarcar ya tiene unos días, pero es que en un principio no iba a escribir sobre el tema. Aunque al final me lo he repensado.

El personaje que dijo esta frase como todos sabrán es el expresidente Aznar, pero realmente esto no tiene más sentido que el anecdótico, ya que como carnaza de prensa política está muy bien. Pero lo que el señor Aznar dijo lo piensa la mitad de la población española, por mucho que duela.

Como camarero, estoy cansado de escuchar tonterías así. Y las dice el de la oficina de al lado, el transportista de la empresa de logística, el frutero, el carnicero, etc. Todos van bien para conducir cuando llevan unas cuantas cervezas encima. Es más, si les apuras un poco, son capaces de decirte que conducen hasta mejor, porque están más en su salsa. Es increíble, pero cierto.

La gente no acepta de ninguna manera que unas copas encima pueden ser perjudiciales para conducir. Y la más mínima pérdida de reflejos en la carretera puede causar la muerte de alguien inocente. Y eso no es un juego.

Yo cuando bebía, normalmente cogía siempre taxis cuando salía de fiesta. Era lo más sensato, aunque a veces no nos querían coger. En otras ocasiones, sin embargo, he cogido la moto. Y a veces en estados lamentables, de esos que no te hacen ni soplar, sino que te llevan directamente a comisaria a explicarte un par de cosas. Pero afortunadamente no pasó nada.

Una vez, en una curva, la moto se me plegó y me fui directo al suelo, deslizándome por unos 30 metros y cruzándo tres carriles. Suerte que eran las 6 de la mañana de un día festivo y no había mucho tráfico, sino seguramente habría sido arrollado. Iba tan drogado y bebido que ni me dolió. Me levanté, terminé de arrancar el retrovisor y el intermitente que se habían destrozado e intenté poner la moto en marcha. Cuando lo conseguí, me fui para casa temblando y a 30 Km/h.

Al día siguiente tenía todo el cuerpo lleno de magulladuras, descubrí la ropa destrozada y al ver la moto casi me da un telele. Pero lo afortunado del caso fue que nadie resultó herido serio.

Ahora, desde el punto de vista de alguien que ha tenido que vivir sin alcohol, todo esto lo veo desde otro punto de vista. Ahora soy yo el que reza para que ningún fitipaldi de la carretera con unas copas de más me atropelle a mi o a mis seres queridos. Y descaradamente no es un asunto de broma, porque como he dicho antes, lo grave del asunto no es quien dijo lo que dijo, sino que lo que dijo lo cree mucha gente. Y es nuestra tarea hacerles ver lo equivocados que están.

El alcoholismo se ha vuelto a hacer presente en mi vida otra vez. Hacía mucho tiempo que lo tenía casi olvidado, asimilada mi condición. Pero hace un par de días, en un capítulo de los Simpsons, Homer fue cogido conduciendo bebido y aparte de la retirada de carnet, tuvo que ingresar en Alcohólicos Anónimos. Inevitablemente recordé mis días dentro de esa institución.

Miré el capítulo con un poco de sentimentalismo romántico. Creo que les debo la vida a Alcohólicos Anónimos, ya que gracias a ellos dejé la bebida. Pero siempre he defendido la opción del humor por encima de todas las cosas, y este capítulo no iba a ser distinto. Hay que aprender a reirse de uno mismo antes que nada y tomarse la vida menos en serio. Por lo que no, no me ofendió para nada dicho capítulo, aunque si que es cierto que me hizo un poco de menos gracia que otros.  

Si alguien nuevo se ha perdido con lo de mi alcoholismo, al que ya no quiero hacer tanta referencia como un proceso de evolución personal, que revise este post en el que lo explico, así como cualquier entrada dentro de la categoría Alcoholismo.

Analizando mi vida. (Mis padres)

Posted by: SISOR | Posted in: Alcoholismo, Personal

Todo viene de un problema de infancia. Los traumas, esos que pueden condicionar toda una vida, los hay de muchos tamaños. Los hay grandes, que pueden hacerte entrar en una depresión y posteriormente en el suicidio, o los hay pequeños, insignificantes. Traumas tan pequeños que casi no sabes ni que los tienes, pero poco a poco van saliendo al exterior. Y se exteriorizan de miles maneras.

A veces se convierten en una falta de seguridad en sí mismo, o en un miedo irracional a expresar los sentimientos o a cualquier otro desequilibrio que aunque de apariencia trivial, puede afectar al buen desarrollo de la persona.

Sí, ya se que nadie está bien del todo y que cada uno tiene sus cosas, pero este es mi blog y aquí explico las mías. Es mi sitio de desahogo. El sitio de mi recreo, como diría aquel músico podrido por las drogas.

Pues bien, en mi infancia no recibí ningún tipo de maltrato ni abuso. Pero sin duda me falto algo muy importante. Unos padres que estuvieran conmigo en todo momento. Mi madre hacía lo que podía, y a mi padre casi no se le veía. Trabajaba de panadero toda la noche y luego, durante el día, estaba prácticamente todo el día en la cama.

Yo no me di cuenta de que eso podía ser un problema hasta ahora, cuando analizando mi infancia, me he dado cuenta de la gran cantidad de cosas que me he perdido por no tener una familia normal.

Ya he mencionado alguna vez que mis padres también son alcohólicos. Mi madre la pobre cuando bebe se convierte en más simpática, balbucea, y a veces dice alguna que otra tontería. Pero poco más.

En cambio mi padre se pone agresivo, sin llegar nunca a la violencia, y se convierte en un gilipollas. Siempre quiere tener la razón y su cabeza se le va. Es capaz de preguntar cinco veces la misma cosa en el mismo día y no darse cuenta de haberlo hecho antes. Mi hermana se marchó de casa a los dieciocho porque no lo aguantaba más. Siempre discutían y al final la cosa explotó.

Mi hermana también cayó enganchada a la coca y tiene muchísimos problemas emocionales. No tiene autoestima y todo se le hace cuesta arriba. Hace unos años se fue a la aventura a vivir a Galicia y la cosa le salió muy bien. Parece que a conseguido salir de toda aquella mierda y que está rehaciendo su vida. Este verano vino a Barcelona, pero se aseguró que cada uno de los días que vino a casa no estuviera nuestro padre. No quería verlo. Y no lo vió. Mi padre sigue diciendo que es muy rara sin darse cuenta de que todo es culpa suya.

Yo tengo un carácter algo más suave, y siempre que había problemas, me encerraba en mi cuarto a escuchar música o a tocar la guitarra. Eran tiempos en los que creía que esas cosas no me afectaban. Creía que era capaz de ondear y esquivar los efectos que pudieran causar en mí los problemas en casa. Pero a día de hoy estoy casi convencido que no fue así. Que calaron y me transformaron.

No sé si durante toda mi infancia los dos bebieron. Son detalles que los pasé por alto, probablemente porque mi inocencia apuntaba a otras cosas más interesantes. Pero ahora, que reconociéndome alcohólico y habiendo leído todo lo que he podido encontrar sobre mi enfermedad y efectos psicológicos y trastornos emocionales causados por el alcohol, puedo estar en condiciones de asegurar que tienen un problema. Mi madre lo sabe. De hecho hemos hablado en muchas ocasiones y ha llegado a dejarlo durante meses incluso. Pero siempre hay un detonante (mi padre) que la hace volver a beber.

Mi padre en cambio, es un tema más complicado. Según él, no bebe. Es capaz de ir al médico y decir que él no bebe demasiado, lo normal, unas veinte medianas. Y quedarse tan ancho. En cuanto la doctora le dijo que tenía un problema y que tenía que dejar de beber, él arremetió con la excusa fácil de decir que todos decían lo mismo, “Hay que dejar de beber y fumar”, pero según él sabía que eso no era un problema. Y eso bastaba.

Yo he intentado hablar con él pero es un imposible. Reconoce que mi madre tiene un problema, pero él no. Según su manera de pensar es normal levantarse y tener preparada la botella de coñac y un chupito tras otro ir ingiriendo la leche que poco después de provocará una reacción brutal en el estómago y le hará ir al lavabo a vomitarlo todo. A los pocos segundos ya se oye la primera lata de cerveza. La primera de una larga serie.

Mis padres, para más INRI, tienen un bar. Bueno, de hecho el bar es de mi madre, pero mi padre dejó la panadería para ir (a beber) a ayudar a mi madre. Y eso fue una especie de prueba que han sido incapaces de superar. Mi madre viene bien, pero mi padre viene completamente borracho e intratable. Son momentos en los que es mejor encerrarse en la habitación y no salir. Como sigo haciendo aún con 29 años.

No sé si lo que más me duele es ver la situación o saber que soy impotente para hacer nada. Se que la única manera de que intenten hacer algo es por ellos mismos, que tras una caída dura se den cuenta que tienen que levantar cabeza. Lo que en un post di a conocer como tocar fondo. Ellos tienen que tocar fondo. Y yo no quiero verlo cuando lo hagan.

De momento el bar va para abajo. Es un antro de cuatro viejas paredes donde sólo van jubilados, jonkis y borrachos. Problemas, es lo único que tienen. Desde amenazas a mi padre, a agresiones a mi madre. Muchos no pagan. Pero no quieren ver la realidad. Tuvieron que pedir un crédito para poder seguir con el bar porque los números no salían. El único motivo por el que lo tienen se deduce a dos: por un lado el romántico (mi madre llevaba muchos años trabajando allí antes de quedárselo) por parte de mi madre, y por parte de mi padre que se ha convertido en su centro de ocio. ¡Que mejor que beber gratis! Y luego los números no salen…

Y analizando mi infancia, no tengo referencias positivas. Todos los veranos en casa. Alguno en Zaragoza con la familia. Nunca salimos de viaje ni tengo recuerdos gratos de cariño. Quizá alguno con mi madre, pero su sitio de descanso siempre fue delante de la tele. Y no le culpo de nada. Ella sí que trabajaba todo el día y encima se ocupaba de la casa y de nosotros. Pero mis recuerdos se truncan por momentos.

Ahora ya de nada vale sentirse mal por ello. Debo intentar no pensar demasiado en lo vivido y pensar en lo que queda por vivir. Pero aún así, el hecho de pensar el que será de ellos me duele. No veo un futuro feliz para ellos, desgraciadamente.

Yo por mi parte lo siento, pero tengo muchísimas cosas por las que luchar. Tengo una vida que tirar adelante y no voy a sufrir más de lo necesario por ellos. Mis prioridades ahora están claras. Tengo a Raquel y a una hija preciosa a las que no puedo abandonar. Mi presente me reclama.

Tocando fondo.

Posted by: SISOR | Posted in: Alcoholismo

Cuando entré en Alcohólicos Anónimos una de las frases hechas más usadas era tocar fondo. ¿Qué es tocar fondo? Tocar fondo es tener la certeza, sin ninguna duda posible, de que tu vida te ha superado y que estás a punto de mandarlo todo a la mierda.

Llega un momento en que te miras en el espejo y te das asco. No te miras las arrugas ni siquiera tu patético aspecto demacrado. Sólo ves un pasado lleno de errores reflejado en tus ojos. Darte cuenta que has fallado a todos a los que quieres. A tu familia. A ti mismo. Tocar fondo es darse cuenta de que has tomado unos valores equivocados y que están a punto de pasarte factura.

Es buscar salidas y no encontrarlas. Es llorar de impotencia y gritar de rabia. Es buscar ayuda de donde puedes echar mano. Es un estado de desesperación absoluto. ¿Habéis visto Match Point de Woody Allen? Cuando empieza la película hace una reflexión muy interesante con una metáfora en una pista de tenis. Todo se debe en parte a la suerte. Cuando la pelota da en la red, el tiempo se congela, y dependiendo de la suerte puede retroceder y caer en tu campo y perder o avanzar y ganar el punto. Pues con esto pasa lo mismo.

No sé exactamente de donde se sacan fuerzas, pero llega el momento en que o sales, o te quedas. No hay otra alternativa posible. Es como si te hubieses cansado de recibir collejas.  Con la cabeza gacha, sólo puedes levantar el ánimo y despertar o decicir rendirte a la sombra.  La subida se hace muy cuesta arriba, pero siempre tenemos sueños y esperanzas para equilibrar la balanza.

En mi caso creo que fue mi hija en una ocasión que estaba yo llorando en el comedor carcomido por la impotencia. Muchas veces me hacía la misma promesa. ¡Tenía que dejar de beber! Pero siempre volvía a caer. A veces duraba dos días sin beber, pero luego lo necesitaba o inconscientemente me sorprendía con un whisky en la mano sin apenas darme cuenta. Era algo automático.

Pues en una de esas ocasiones en las que me maldecía por ser tan jodidamente débil y derramaba lágrimas envenenadas de baja autoestima, apareció mi hija Miriam y me dijo, ¿Porqué lloras papa? Creo que en ese momento algo en mí se movió. En esa voz, en esa dulzura, encontré la fuerza que equilibró la balanza. Y decidí luchar por salir y buscar ayuda.

Cuando estás tan hundido no hay manera de ver la luz. A veces un simple destello basta. Una frase sincera de alguien tan importante como lo fue la de mi hija en ese momento. Tenía la impresión de que le estaba fallando. Creo que lo hize más por ella que por mí. Luego aprendí cosas que me hicieron cambiar mi perspectiva en este sentido. Pero en aquel momento, sólo su voz y la culpabilidad que sentía por ser un mal padre pudieron hacerme despertar.

La sensación más cercana a estar muerto. No hay casi más sentimientos que la desesperación. No hay alegría, ni esperanza, ni odio, ni amor. Sólo un sentimiento de pena que te amarga hasta hacerte creer que ya se acabó todo. Que aquello era el fin de la historia. Y por que poco…

Contra el alcohol

Posted by: SISOR | Posted in: Alcoholismo

Copio y pego de el Periódico de Catalunya.

Contra el alcohol.   

El objetivo de la ley que restringirá la venta y el consumo de bebidas se centra en los jóvenes

El Ministerio de Sanidad tendrá listo a la vuelta de las vacaciones el borrador de una ley que restringirá la
venta y consumo de alcohol, sobre todo a los menores. Las estadísticas justifican de sobras la necesidad de la norma: España es el séptimo país europeo en consumo de alcohol per cápita, pero nuestros jóvenes son los que más beben, con el correspondiente correlato de casos de dependencia –alcoholismo– en aumento y alteraciones hepáticas a edad muy temprana. Una situación que tiene efectos negativos inmediatos en los rendimientos educativos, la productividad y el gasto en la sanidad pública, por no hablar de la influencia del alcohol en los altísimos índices de siniestralidad en las carreteras.


A diferencia de lo que sucede con otras drogas, la percepción social de que el alcohol es una sustancia peligrosa es mucho menor. Pero basta darse una vuelta por los locales de ocio y las calles más concurridas durante los fines de
semana para comprobar el efecto que el consumo de bebidas alcohólicas tiene entre la población joven, por no decir adolescente. Es el resultado directo de la banalización del riesgo y de un ejercicio mal entendido –a menudo irresponsable– de la tolerancia, mezclado con fenómenos periféricos, con frecuencia degradantes, como los botellones. Sin caer en el puritanismo absurdo de una ley seca, hace falta romper con la idea de que la diversión solo es completa si va acompañada de una generosa dosis de alcohol.


Lo firma la editorial de el Periódico y lo firmo yo. Hoy en día es muy difícil asimilar que uno se puede divertir sin beber. Como alcohólico puedo dar fe de ello. Si el estado prohibe, se vuelve dictador, pero hay ocasiones en las que no debería quedar otra opción.

Es evidente que me gustaría que se aplicara una normativa más dura que la actual. Aunque para ser sinceros, me encantaría que estuviese la vigente, pero con un nivel de educación social mucho mayor del que tenemos ahora. De manera que los jovenes sepan realmente a que se atienen con el alcohol. Es la droga más leve. La droga legal. Y sigue siendo la que causa más muertos. Por no hablar de los implicados indirectos (familiares y amigos).