Los que me conocen saben que soy ateo. Pero ateo a matar. No sólo no creo si no que los creyentes me resultan tan respetables como Iker Jimenez y sus programas surrealistas . La libertad de creer a nivel personal es algo que podría ser respetable, pero a nivel colectivo me parece deplorable, lo que se mal conoce como religión. La diferencia entre una secta y una religión está únicamente en el número de miembros que la componen. Ni más ni menos.
Pero no voy a explicar mis motivos para pensar así. Esto era únicamente para poner en precedentes a los que no me conocen.
En el bar tengo un cliente que viene una o dos veces a la semana a desayunar. Es un hombre de unos sesenta años muy correcto y cortés que hace unos meses nos dio la noticia de que iba a ser abuelo. Evidentemente nos alegramos mucho e incluso le invitamos al almuerzo.
Llego el momento y el hombre fue abuelo. Estaba inmensamente feliz y no hacía más que alabar el regalo que Dios les había dado. Pero a pesar de todo, había algo que no había salido del todo bien. El niño tenía una pequeña enfermedad y estaba bajo cuidado médico. Nada serio, decía…
Pasó el tiempo y no tocó más el tema, hasta que un día un compañero le preguntó por su nieto. Había muerto, nos dijo. Su rostro se entristeció y luego, cómo un pase de baile muchas veces ensayado, soltó la perla:
- Si Dios se lo ha llevado es porqué tenía que hacerlo. Sus motivos tendrá.
A mi es que se me subía la sangre a la cabeza. ¡Qué cojones iba a tener que hacerlo! ¡Me cago en Dios y en toda su puta madre! ¿Pero cómo se puede pensar de esa manera y quedarse tan ancho? Culpando de una maldita enfermedad a la voluntad del señortododivino.
Después, más calmado, pensé en lo que probablemente se me pasó por alto. La descarga psicológica canalizada hacia ese pequeño gran cabrón que es Dios. Yo no sé como habría afrontado algo así. Seguramente me habría desmoronado. Sólo de pensar que le pueda pasar algo a mi hija me atemoriza. Pero es tan genial eso de echar la culpa a un "ser superior". Por cobardía se actúa así. Por cobardía o por repetición, como es costumbre en las familias religiosas. Yo miento a mis hijos, que ellos mentirán a los suyos.
Y así todos felices en un mundo lleno de compresas, condones y gomas de borrar. El mundo hecho a medida, creado en un instante, y con la respuesta más sencilla a las preguntas más complicadas. Dios.
Cuando dijo que "gracias a Dios" iba a ser abuelo me entraron unas profundas ganas de decirle: - Yo más bien le daría las gracias a su yerno, que es quién se ha follado a su hija. Pero allá usted… -
