Semilla en la tierra

… y también porque el querer es temblar a veces.

   A veces tengo la sensación de haber errado en mi etapa de crecimiento. De ser una flor que creció en un cuerpo de cactus, repleto de espinas que hieren a aquellos que osan tocarme.

   No sé donde llegué a leer que siempre se puede volver a empezar de cero. Así empiezo yo de nuevo; desde el principio.

   Vuelvo a ser, esperando una mejor suerte, una semilla en la tierra.
 

Juanito.

Posted by: SISOR | Posted in: Drogas, Personal

Uno de los primeros recuerdos que tengo de Juanito era del colegio. En EGB iba a la clase de al lado. Una vez recuerdo que nos peleamos rebotando entre los coches que estaban aparcados a la entrada, delante de todos los padres que iban a recoger a sus hijos. Me peleé con él por defender a un amigo mío (que más tarde deduciría que era un imbécil). Y aquí finalizó mi primer contacto con Juanito.

Más tarde, de mis dos amigos de la infancia, uno de ellos se fue a hacer sus estudios de electrónica en un centro de Formación Profesional donde compartió clase con Juanito. Se creó un nuevo círculo de amigos. Cuando yo me introduje al grupo ya bebía, y mucho. Tuve unos cuantos roces con unos cuantos, pensaba que por su manera de ser, pero ahora estoy convencido de que fue por mi culpa. Sobretodo con dos, con Javi y con Dani.

De todo el grupo, con el que más me sorprendí fue con el Juanito. ¿Habéis visto Transpotting? ¿Sabéis Spud, el colgado que tiene un problema con el speed y va a la entrevista de trabajo? Bueno, os pongo una fotillo.


Para los que la hayan visto estarán conmigo en que Spud es entrañable. De hecho, es el único al que Renton, el protagonista de Trainspotting, no putea. Es un mundo aparte. Siempre colgado, pero legal. No le pidas grandes pensamientos. El sólo quiere estar colocado y tener a un colega al lado. Esa es su mayor motivación. Spud era igual que Juanito.

Con Juanito te pegabas toda una tarde-noche bebiendo-fumando-metiendoterayas sin parar y sin necesidad de profundizar en muchas grandes conversaciones. Nunca había problemas por la pasta ni por donde íbamos. Siempre aceptaba. En el fondo nos reíamos mucho con él. Recordaré siempre el día que a las 3 de la madrugada de un viernes llamó al servicio de atención al cliente (24 horas) de wanadoo para quejarse porque se le cortó la línea. Siempre recordaré aquel –Perdone señorita, pero es que estoy un poco colocado y no me entero de lo que me dice, hable más poco a poco.- Entre lo ciegos que íbamos todos y lo surrealista de la conversación, aquel día pasaráa formar parte de nuestra historia sin duda alguna.

Ayer, después de muchísimo tiempo, me volví a encontrar con Dani y Javi. Me convencí de mi anterior teoría y la tarde fue muy entretenida. Pronto se evaporaron los rencores de antaño y nos portamos como personas adultas. Pero sin duda, el punto negativo de la tarde fue cuando Dani me dijo que Juanito está acabado.

Se lo encontraron completamente colocado (y no de porros ni de coca) a las seis de la tarde de un miércoles con dos tías demacradísimas, sin dientes y apariencia yonki. El tío se desmarcó del grupo para seguirse pegando las fiestas a su rollo, pero se metió en el grupo equivocado.

En parte me siento un poco responsable. Juanito fue de los que más llamó. Cuando dejé toda la mierda, la regla número uno estaba clara. No contestar el teléfono a nadie de los catalogados como peligrosos para mi recuperación. Eso quiere decir que ignoré a la mayoría de gente con la que iba, pero era necesario. Ahora pienso que si hubiese contestado a Juanito quizá no estaría donde está ahora. Aunque quizá yo tampoco…

Los amigos y los conocidos. La infancia. Dime con quien vas y te diré quien eres. Mentira del pueblo. Yo lo cambiaba por un Dime con quien vas y te diré como puedes acabar. La vida es evolución. A veces para bien y otras para mal. Cambios y más cambios. El problema es cuando estás tan perdido que viajas a la deriva, sin rumbo, y sin ninguna intención de hacer movimientos en tu ruta aleatoria.

Joder, pobre Juanito.

Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia, elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas electricos. Elige la sal, colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interes fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego, elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos, elige el bricolaje y preguntate quien coño eres los domingos por la mañana, elige sentarte en el sofa a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espiritu, mientras llenas tu boca de puta comida basura, elige pudrirte de viejo, cagandote y meandote encima, en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoistas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte, elige tu futuro, elige la vida. Pero ¿porque iba yo a querer hacer algo asi?. Yo eligi no elegir la vida, yo elegi otra cosa. ¿Y las razones?, ¡no hay razones!. ¿Quien necesita razones cuando tienes heroina?

Trainspotting.

Relato de una noche cualquiera de mi anterior vida.

Posted by: SISOR | Posted in: Alcoholismo, Drogas, Personal

Joder que larga que era. Tenía que expulsar todo el aire de mis pulmones para poder absorber por la nariz tal cantidad de cocaína. Me empezaba a sentir mareado por culpa del alcohol y necesitaba una puesta a punto. Algo que me anulara cualquier “efecto adormidera” que me hubiese causado la bebida o algún porro. Y nada mejor que la cocaína para ello. Ya estaba muy cansado para seguir dando botes. Las rulas últimamente me dejaban con un dolor de piernas tremendo. La coca me había hecho adelgazar de manera considerable. Se me había cerrado el estómago de tantas rallas y los findes por las noches eran como cuatro sesiones de gimnasia intensiva seguidas.

Al final me la metí. De una sola pasada y chupando los dedos para restregarme por los dientes los restos que quedaron por el mármol. Fue muy rápida, demasiado. Pronto empecé a notar las taquicardias y me jodió no haber venido preparado con un diazepam o un tranxylium. La sensación de martilleo iba en aumento y pronto me tendría que sentar en un escalón en la calle para controlar la respiración y los sudores.

Recostado contra la persiana de la tienda de montañismo observaba a la gente que salía del Row con las mismas caras que yo. Pálidos en la mayoría de los casos y muchos con las mandíbulas completamente a merced del éxtasis. Yo amanecía demasiado a menudo con los labios hinchados y la boca llena de llagas por no poder controlar los impulsos. Durante un tiempo vendían Chupa-Chups dentro del Row. Los lamías poco a poco pero cuando menos te lo esperabas el caramelo explotaba en tu boca hecho mil pedazos. La prensa de mis dientes lo había destrozado. Imaginaros que pasaría con mi lengua. En ocasiones me sangraba la boca, y ya temía mi amargo despertar. Me volvía consciente de que durante unos días sólo comida líquida podría pasar por mi boca.

Cuando ya me encontré mejor decidí entrar dentro y meterme unos cuantos cubatas. Nunca encontraba el punto exacto. Cuando estaba bien de cocaína entonces faltaba un poco de alcohol. Y sino, era una pastillita lo que echaba de menos. Pero la cuestión era no frenar. Nunca frenar. El jodido camino del exceso.

Aquí mejor. Debajo del ventilador. Necesitaba aire para no ahogarme y la respiración se empezó a regular al comenzar a saltar. ¡Viva el Techno! Las opiniones de los demás sobre tu estilo te importan una mierda cuando el éxtasis ha soltado las neuronas de la felicidad dentro de tu cabecita. Todas las tías están buenísimas y la gente es genial en todos los aspectos. Amas a la humanidad. Estarías toda la vida envuelto en esa sensación de eterna empatía. Y cuando parece que se pasa, ya sabes: una rula, un cubata y otra rayita.

El éxtasis me enseñó la relatividad del tiempo. Millones de minutos pasaron por mi cabeza en sólo cinco de reloj. Y de idéntica manera en cinco minutos mentales transcurrían tres horas sin apenas moverme del sitio. Mi mente era un estado completamente inconsciente del exterior, en su limitado o profundo instante. Nunca pude saber como controlar estos lapsus con el tiempo. La coca los corregía, pero la coca era muy cara, y el insomnio era muy incómodo para quien trabaja los fines de semana.

Delante de mí se desplomó una chica. Tendría dieciocho años aproximadamente e iba sin camisa. Únicamente un sujetador cubría lo poco que quedaba por tapar. Estaba sudando y parecía que le había dado un chungo de verdad. Tenía espasmos y estaba helada, pese a los sudores comentados. Estábamos cerca de la puerta y dos seguratas me ayudaron a sacarla a la calle para que le diera el aire. Cuando les dije que llamaran a una ambulancia tuve que tragarme la gracia del “¿Para quién, para ella o para ti?” pero poco después comprendí que no iban a llamar a nadie. “Eso no ha pasado aquí” me dijeron en una clara muestra de indiferencia por la chica.

Empezó a vomitar y me asustó que pudiese ahogarse en su propio vómito. Llamé a una ambulancia y vino relativamente rápido. O no. Quizá fuese otro lapsus con el tiempo. Intentaba controlar mis espasmos en la mandíbula para que no se me llevaran a mi también, y en cuanto se marcharon me volví a meter dentro para olvidar lo sucedido y recordar que jamás debo tener un chungazo en esta clase de locales. Otra rula, un par de cubatas y un buen par de rallas. De vuelta con las taquicardias.

A las dos horas la chica aparece más fresca que una rosa. “Un lavado de estómago” me dice sin saber quien soy ni porque le pregunto. Al final, parece que le molesto y la muy puta se va por la pista a seguir drogándose sola. Ni siquiera me la he podido tirar. Ni una mamada rápida en el lavabo. Desde luego, de desagradecidos está el mundo lleno. Otra rula, un par de cubatas y esta vez que sean tres rallas.

 
 
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