Semilla en la tierra

… y también porque el querer es temblar a veces.

   A veces tengo la sensación de haber errado en mi etapa de crecimiento. De ser una flor que creció en un cuerpo de cactus, repleto de espinas que hieren a aquellos que osan tocarme.

   No sé donde llegué a leer que siempre se puede volver a empezar de cero. Así empiezo yo de nuevo; desde el principio.

   Vuelvo a ser, esperando una mejor suerte, una semilla en la tierra.
 

2 minutos de trabajo

Posted by: SISOR | Posted in: El bar y sus clientes

Hace dos días en mi bar:

- Hola, buenas tardes. ¿Que le pongo?

- Mire, quisiera un café muy livianito. Muy muy poco café y todo lo demás agua.- Me dice la señora con grave acento argentino.

- Mmmmm, Ok. ¿Quiere comer alguna cosa?- Intento disimular la cara de asco cuando me piden estos cafés. Los considero horribles.

- Si, traígame unas magdalenas.

Así voy yo, a la velocidad de la luz a cumplir con mi difícil misión. Vacío una carga en el casquillo y vuelvo a dejar la mitad de la misma otra vez en el compartimiento del café molido. Con media carga tendrá más que suficiente.

Justo cuando empieza a caer, cuando se ha llenado un dedo y medio de esa sustancia oscura que está a medio camino entre café y agua, corto el suministro. El resto, lo lleno de agua de la cafetera.

El resultado es una cosa horrorosa. Sin crema del café, un pozo de agua oscura con una leve capa de espuma producido por el impacto del agua a presión sobre la taza. Me lo quedo mirando con pena, pero tiene que haber gustos para todo el mundo. Es el típico café que debería entregar con una indicación muy clara:

- El lavabo está al fondo a la izquierda.

Pero no lo hago, claro está. Se lo llevo junto a la magdalena y sigo con mi trabajo.

Al cabo de un rato me pide la cuenta y cuando se la llevo me dice.

- Estaba buenísimo. Mira que lo pido en muchos sitios y en ninguno me lo han sabido hacer así. ¿Como lo llaman aquí, para que me lo hagan igual que usted me lo hizo?

- ¿Esto? Pues yo lo conozco como ¡Una mierda de café!

La mujer se pone a reír y nos paramos unos minutos a hablar sobre cafés, adicciones y demás cosas que domino a la perfección.

Café con leche y magdalenas: 3,10 €

Me da un billete de 5 € y me dice:

- ¡Quédate con el cambio guapo!- Y me guiña un ojo…- Volveremos a vernos de nuevo para que me hagas "una mierda de café".

- Ya sabes donde estoy.

Cuando la mente hace “click”

Posted by: SISOR | Posted in: El bar y sus clientes, Personal

Hace tiempo que no veo a Ernesto, diría que unos cinco años. Siempre caminaba a trompicones, pero no bebía nada de alcohol. Iba siempre encorvado, con pantalones de pana anchos y barba de tres días. No iba tan desaliñado como para considerarlo un vagabundo, pero siempre iba bastante sucio. Los clientes siempre lo miraban con un poco de asco, como se mira a una persona que es mejor evitar ante el temor a contagio. Mucho pijo idiota…

Ernesto no pronunciaba bien. Siempre expulsaba un profundo fonema grave que alargaba intercalando breves matices de consonantes. Era toda una aventura entenderlo, pero como siempre tomaba lo mismo, normalmente no lo dejábamos ni acabar. Siempre le poníamos un café con hielo que acababa derramando por encima de la mesa por culpa de unos tembleques terribles que siempre lo acompañaban.

Poco se sabe de Ernesto, más que era un gran médico. Cuentan que su prometida se fugó poco antes de la boda. Estaba profundamente enamorado, y algo dentro de él se rompió para siempre. Su mente hizo “click” y ya nunca volvió a ser lo mismo. Primero, una depresión profunda. Después, el exceso de medicación.

Todo por culpa del amor…

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Nuria es una chica de mi edad. La conocí estando ella muy enamorada, cuando entré a trabajar hace ya unos nueve años. Desapareció durante unos dos años aproximadamente, y cuando la volvimos a ver, parecía otra. Había engordado unos 20 kilos y caminaba arrastrando los pies y con la ayuda de sus padres. Parece ser que pilló a su “enamorado” haciéndole un favor a su mejor “amiga“.

De nuevo el “click“. Depresión, medicación, ansiolíticos… una joven vida truncada de nuevo. La mente se rompió de manera irreversible. Varios intentos de suicidio… muñecas llenas de cicatrices… ¿¡Dónde cojones está la salida!?

Y todo por culpa del amor…

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Madre e hija parece que estén locas. La hija, cuyo nombre desconozco pero a la que denominaré “Larubia“, parece tan mayor como la madre. Están las dos siempre calladas, leyendo el diario y fumando sin parar. Larubia se toma siempre un café con leche descafeinado de máquina con leche desnatada y sacarina. Un “desgraciado” pero a lo grande. A veces, venía con sus sobrinos, un niño y una niña, ambos disminuidos. A la niña no se le nota tanto físicamente, pero el niño camina como un péndulo porque parece ser que le pesa la cabeza. Es muy triste ver un niño tan pequeñito con un problema de ese tipo.

Jaime me dice que Larubia era una preciosidad de joven. Pero algo pasó en la vida de la joven Larubia que la transformó para siempre. Un desamor, nuevamente, fue el culpable de la vil metamorfosis. De una bella mujer pasó a convertirse en un esperpento. En medio del proceso… nuevamente el “click“.

Últimamente parecía que estaba algo mejor, aunque esto no es del todo correcto. La madrugada del viernes al sábado, a eso de las 3 de la madrugada, Larubia saltó por el balcón de su séptimo piso. Supongo que ya no aguantó más. El cuerpo estuvo en la calle casi dos horas hasta que fue descubierto. Se llevó con ella una historia a la tumba. Una triste historia que deja otra triste historia.

Y todo por culpa del amor…

A veces tengo ganas de enamorarme otra vez. Pero otras, tengo tanto miedo…

MIERDA, MIERDA y MIERDA

Posted by: SISOR | Posted in: El bar y sus clientes

Hoy parecía un día muy tranquilo. La gente ha aprovechado la semana santa y se ha marchado. Se respiraba mucha paz.

A media tarde, estaba yo tranquilamente apoyado en la puerta, en la calle, mientras tomaba un poco el fresco. A lo lejos, se veía una figurita acercándose a trompicones. Era un hombre menudo, de unos cuarenta o cuarenta y cinco años, vestido con jersey de lana verde y unos pantalones de pana del mismo color pero una tonalidad algo más clara.

Tenía un andar raro. Caminaba como encogido, con una mano atrás y la otra delante un poco curvada. Era disminuido. Cuanto más se acercaba más detalles concretaba. Iba con una necesidad imperiosa. La mano atrás apretaba su trasero y en la cara se notaba una cierta urgencia. En cuanto divisó el bar, subió los dos peldaños que hay de nivel con la acera y entró a toda prisa. Tenía la cara empapada en sudor.

La primera puerta es una prueba fácil. La empuja. La segunda, es corredera y no puede con ella. Veo que empuja con desesperación y que la va a romper. Voy corriendo a ayudarle antes de que se cargue la puerta y puedo ver en su cara que efectivamente es disminuido. Me da las gracias como puede y entra corriendo.

Lo sigo desde fuera con la mirada. Dentro tengo a dos compañeros de Bangla Desh que lo miran y luego me miran a mi. Nos reímos. Vaya ataque de urgencia.  A cualquiera le puede pasar.

Dura poco la risa.

Ashik viene a avisarme que es mejor que entre a ver algo. Yo lo que quería ver era a la rubia que estaba a punto de pasar, pero va, el trabajo es el trabajo.

Mientras cruzo el comedor veo de lejos la puerta del lavabo abierta y al tipo con los pantalones por los tobillos. Mientras le grito que cierre la puerta voy viendo el desastre.

Tiene los pantalones llenos de mierda. Hay mierda en el suelo. Hay mierda en la pared. Hay mierda por encima y por debajo del váter. Pero cuando hablo de mierda no me refiero a un poco de caquita, no. Me refiero a mierda del tamaño de una pelota de tenis.

El tío se consigue poner los pantalones y se va diciendo que no pasa nada. ¿Que no pasa nada? ¿Cómo que no pasa nada? Porqué es un disminuido que si no juro por lo más sagrado que no se va de allí sin limpiar todo aquello. Mientras camina veo todo el pantalón por detrás lleno de más y más mierda.

Todavía no logro entender que una persona tan pequeña pueda soltar tanta mierda.

Estoy bloqueado. Shazhib sale corriendo a vomitar a la calle. La peste llega casi hasta la barra, y hay unos 10 metros. Ashik va con un trapo tapándose la boca mientras yo pienso como cojones vamos a limpiar todo aquello sin echar hasta la primera papilla.

Primero, ambientador. Abrimos todo el local y vaciamos casi todo el spray. Llenamos un cubo con agua y lejía y desde lejos aplicamos sobre todo el váter, paredes y suelo. Cambiamos el agua y repetimos el proceso. Cubo, mocho y palo a la basura. Todo el local con papel de periódico. Más ambientador.

Pasada una hora, ya podemos entrar y acabar de limpiar en profundidad.

En nueve años trabajando en la hostelería nunca había visto una cosa semejante. Todavía no comprendo como una persona así podía ir sola sin acompañante que se ocupara de él.

Necesito una ducha urgentemente.

Se busca hacker para crackear máquina de tábaco

Posted by: SISOR | Posted in: El bar y sus clientes

Hoy ha sido un día grande para mi ego. Por fin ha venido el instalador de la máquina del tabaco a ponernos el famoso mando. Tenía muchísimas ganas de tener el poder de decidir quien puede fumar y quien no. Joder, que grande que soy.

Se acabó los bordes que ni te saludan. Aquellos que iban directos a la máquina sin dar las buenas tardes. Ahora si no me hacen la pelota, no hay tabaco. Por que yo lo valgo.

El mando es un triste mando con un único botón. El instalador me dice -”Ahora te explico como va”- Yo me quedo un poco pillado, y le suelto -”No habrá que apretar el único botón que tiene el mando, ¿no?”- y el me mira con cara sorprendida pensando -”Joder, ¿como lo sabías?”. Es que el que es listo, es listo.

Le he preguntado si existía un chip para piratearla, algo así como para la playstation, y me ha dicho que desconoce el mercado negro, pero que algo se podría hacer, seguro. Por eso buscaré información por mi cuenta hasta que consiga deshacerme del puto mando, porque al principio hace gracia, pero al cabo de las horas acabas hasta los cojones de ir dándole al puto botón para activar la jodida máquina. Encima te miran con prisas, como diciendo, “Vaaaaaa, que no tengo todo el día para esperar a que me enciendas el cacharro este”. Hay que joderse.

¿Y todo esto a santo de qué viene? ¿Para controlar que los menores no compren tabaco? Jajajaja, espera que me río. 234 Euros que nos han clavado por la mierda del chip y el mando. Y el tío tenía una lista que no se la acababa en días. Sólo de pensar en la caja que tendría que hacer me han entrado ganas de preguntarle cual era su último cliente para esperarle y darle el palo y pegarme unas vacaciones en el caribe. Y cada mando adicional vale unos 50€ (vaya, que tiene que durar toda la vida) y si se jode, evidentemente hay que llamar a AZKOYEN (los de la máquina de tabaco) para que ellos, y no otros, pongan en sincronía el mando y el chip. El negocio del siglo.

En un par de minutos que me ha sido imposible estar por todos se me ha hecho cola y todo. Todos esperando allí, con caras raras. Ponían las monedas y la máquina les decía SOLO ADULTOS, SOLO ADULTOS. Ellos se miraban y entonces llegaba yo Que no cunda el pánico, que yo tengo el poder. No me quiero ni imaginar como será el sábado o el domingo en plena faena. Menudas risas nos vamos a echar.

Por eso necesito a un buen hacker que me crackee la máquina. Mis nervios no sé si aguantarán tanto estrés. A estos del gobierno les ha dado por pensar que en la hostelería nos aburrimos.

Pues no. No nos aburrimos. Y tampoco tenemos porque hacer de policías. Que los vigilen sus padres, que para eso están.

Para que sirva de ejemplo práctico de que esta medida no sirve para nada. La única clienta que podría no haber tenido 18 años venía con una faldita que he sido incapaz de romperle el corazón y pedirle el DNI. Moraleja: Si estás buena no necesitas tener 18 años para comprar tabaco. Yo me rijo por otros criterios… (La culpa la tienen los padres que las visten como putas.)

Ala pués.

Define felicidad con una imagen.

Posted by: SISOR | Posted in: El bar y sus clientes

El martes me hicieron la pregunta más rara que me han hecho nunca en el maravilloso mundo de la hostelería. Y hoy, la segunda.

El martes, un chico y una chica se tomaron sendos cafés con leche con la leche natural. Cuando el chico viene a pagar me suelta:

-Perdona, ¿te puedo hacer una pregunta?

Yo, aunque parezca mentira no me asusté. Es más me armé de valor y le respondí con un…

- Por supuesto.

- ¿Que es para ti la felicidad?

¡Hay que joderse! ¿Que qué es para mi la felicidad? Pues… así de pronto… - ¿A que te refieres?

-Estudiamos fotografía y queremos saber que representa para ti la felicidad con una imagen.

- Mmmmm. Veamos… La felicidad… Una imagen…

La verdad es que me hizo mucha gracia. No sé el porque, pero me pareció una buena idea. Coger y empezar a parar a la gente y preguntarle qué es la felicidad para él o para ella. Que dijera una imagen a la que asociaría a la felicidad. También ya puestos preguntaría por la tristeza. Y ¿por que no?, por los sonidos ¿Qué canción te alegra súbitamente el día  y que tema te llena de nostalgia hasta poderte arrancar una lágrima? 

No es tarea fácil. Hay veces que los ejercicios más chorras pueden ser increiblemente difíciles. Pensarlo vosotros y veréis lo complicado que puede resultar definir una emoción con una imagen. Solamente hay una que la acertaríamos todos con los ojos cerrados, y es el terror. De tanto machacarnos con fotos e imagenes llenas de terror somos capaces de asociar sin duda alguna la emoción a dicho sentimiento a una imagen (probablemente a cualquiera del 11-S o del 11-M, por ejemplo).

De cualquier modo, la pregunta se las traía. Yo estaba todo preparado para responderle a la hora que jugaba el Barça, contra quién, y hasta le confiaría mi punto de vista sobre el partido. Pero no. Quería saber qué era para mi la felicidad. Anda que no…

Y la de hoy ha sido una pregunta más sencilla pero que he sido incapaz de contestar. Voy a la mesa y una chica bajita y tetona me pide una clara, y acto seguido me suelta:

-Perdona, a ver si tu me puedes ayudar. ¿Como se llama la madera cilíndrica que se pone entre dos maderas para que no se caigan?

-¿Mande?

- Sí, la cosa esa de madera que es como un taco que se mete entre dos maderas que siempre vienen sueltas por una bolsa cuando compras un mueble en el Ikea.

Im-presionante. La verdad es que no se exáctamente que ha visto esa chica en mí para llegar a pensar que tendría la respuesta a tan sabia pregunta. Le he recomendado que se pasara por una ferretería a ver si tenía más suerte.

Preguntas como las de ésta semana hacen mi trabajo un poco más entretenido. Lástima que normalmente todo se reduzca a preguntarme por el Barça.