Semilla en la tierra

… y también porque el querer es temblar a veces.

   A veces tengo la sensación de haber errado en mi etapa de crecimiento. De ser una flor que creció en un cuerpo de cactus, repleto de espinas que hieren a aquellos que osan tocarme.

   No sé donde llegué a leer que siempre se puede volver a empezar de cero. Así empiezo yo de nuevo; desde el principio.

   Vuelvo a ser, esperando una mejor suerte, una semilla en la tierra.
 

Que penita por Dios… La ley del tabaco

Posted by: SISOR | Posted in: El bar y sus clientes, Noticias

Estas semanas hemos tenido que montar un pollo en el bar para cambiar a máquina de tabaco de sitio, ya que la nueva ley nos obliga a tenerla al alcance de la vista de los camareros o responsables del local. Vaya dolor de cabeza y vaya trasto en medio del local. Aun me acuerdo aquel día que me vino un tío algo ebrio haciendo eses por las mesas y me dice:

- Tienessss tabaco???
-Si, en la máquina.
-Y ande está la mákina???
-En la entrada.
-Y ande está la entrada???

Verídico.

¿Y todo esto para que? Ahora que ya han pasado unas cuantas semanas de todo el tinglado puedo decir sin temor a equivocarme que vaya mierda de ley que nos han colao. Nos han engañado a todos de mala manera.

En los locales de menos de 100 metros prácticamente no ha habido ningún cambio. En los mayores de 100 metros, aun les queda unos meses de margen para hacer toda la infraestructura necesaria para adaptarse a la ley.

Mucho ruido… y pocas nueces.

La mujer del abrigo blanco

Posted by: SISOR | Posted in: El bar y sus clientes, Indignación, Personal

Mi profesión es camarero. Y como tal, tengo que entender de fútbol, de política y encima, sonreír. Solo me falta poner el culito vaya. Lo gracioso es que me la pela el fútbol, la política me la trae floja y la sonrisa por las mañanas se me antoja imposible. Hasta las 12 que no me pongo en modo manual. Todo lo anterior, desde las 8, es pura rutina.

Todas las mañanas a primera hora, me viene una mujer a la que denominaremos… “la mujer del abrigo blanco”. Todas las mañanas, la señora me alardea de que aún teniendo abrigos de visón en casa (tonterías que se oyen al trabajar en la zona alta) ella prefiere su jodido abrigo blanco. De hecho, dice que tiene tres en casa iguales, no vaya yo a pensar que es una guarra o una cualquiera. También tiene el pelo blanco, o similar.

A mi lo que me esta poniendo es negro. Sus ideales políticos (algo que un buen camarero no debe discutir jamás, al igual que de fútbol) son bastante contrarios a los míos. Ahora le ha dado por alabar a este señor por sus declaraciones. Le parece normal que si un pueblo aprueba algo en un parlamento, y luego se estudia en democracia, se le pueda amenazar con la fuerza del ejercito. No solo contenta con tales declaraciones, la “señora del abrigo blanco” me sigue contando que estas cosas en su tiempo no pasaban. Que los que dicen que antes estaban reprimidos son unos mentirosos que solo buscan engañar a la población. “Yo siempre fui con falda y pantalones, y jamás nadie me dijo nada”. “Ahora, en cambio, en lo que va de año ya han muerto tres mujeres”. Y la culpa será del Carod Rovira, por supuesto…

Lo de la mentalidad atrasada lo puedo entender. Lo que ya no comprendo es que intente hacerme comprender lo que no quiero comprender y menos después de comprender lo que “la señora del abrigo blanco” comprende. ¿Ha quedado claro? Pues eso.

Ser camarero tiene sus cosas negativas. Una de ellas es que debo de callar y no soltar un par de cosas bien puestas para que se enteren de una puta vez que…

1. No entiendo de fútbol.

2. No quiero entender de política.

3. No te voy a sonreír por las mañanas a menos que estés muy buena.

4. Quiero despertarme de buen rollo y no escuchando tus problemas, y menos tonterías.

¿Como pretende conectar políticamente una señora de clase alta con un camarero? ¿Que lo hace, por joder? Pues la verdad es que lo está consiguiendo.