Hoy, contra todo pronóstico, he salido a hacer fotos y he disfrutado de una preciosa tarde de domingo. Pero en vez de irme en busca del pueblo perdido he preferido hacer algo menos arriesgado. Y es que mi moto no está como para muchos trotes. A ver si esta semana que la tengo que llevar otra vez al mecánico me la dejan más o menos bien. Ya no pido que la arreglen, faltaría más, pero me gustaría que dejara de perder aceite, que se arreglara lo del punto muerto, que supiera a la velocidad que voy y los kilometros que voy haciendo y también estaría bien que me engancharan el tubo de escape que está a punto de caerse. Pero poco a poco, no quiero presionarlos que los pobres no dan para mucho.
Pues bueno, haciendo ciudad me he ido a Torre Baró, una mierda de castillito que está en uno de los barrios más pobres y cutres de toda Barcelona. Y sí, yo vivo cerca. El castillo en sí no vale nada, más que memoria poética. El castillo está en la cima de la montaña más alta del barrio, por lo que se ve con bastante claridad. Cuando era pequeño e iba en coche del papa siempre miraba la cima de todas las montañas que veía por el trayecto. Y no descansaba tranquilo hasta que veía el castillito a lo lejos. Entonces sabía que estábamos cerca de casa.
De pequeño soñaba con cuentos de principes y princesas. Grandes batallas que se libraban en aquel castillo. Cada vez que en un cuento salía una princesa en apuros yo imaginaba rápidamente el castillo de Torre Baró. Era automático. Asociación infantil y absurda, porque después de ver el “castillo” hoy de cerca he tenido que convencerme que allí no ha habido nunca ninguna princesa. Pero era tan bonito imaginarlo…

Después me he lanzado al parque del laberinto. Es un parque precioso, que estando al lado de mi barrio también desconocía. Lo cierto es que fui una vez con el cole cuando era pequeño. Pero de eso hace mucho, mucho tiempo. Para empezar he ido el día correcto, porque los miércoles y los domingos no se paga entrada. Dos euros por adulto. Collons…(Cojones…)
Una vez dentro he disfrutado mucho. Primero de todo he dado una minivuelta para ver el entorno. Y no me refiero al paisaje no, sino a los chorizos. Yo soy un cagao y me da mucho miedo sacar la cámara. Cuando he visto que todo estaba lleno de guiris con la cámara colgando me he quedado más tranquilo.
Así las cosas, con la escopeta cargada y colgando del cuello me he puesto al trabajo. Lo primero de todo que me ha impresionado es lo grande que es. Yo simplemente recordaba el laberinto y poco más. Pero es muy grande y realmente muy bonito. Me he acordado de Raquel, pero poco, porque yo era un fotógrafo a sueldo y tenía trabajo.
Me he metido en el laberinto y me ha gustado la inscripción que reza en la entrada, que dice:
ENTRA SALDRAS SIN RODEO
EL LABERINTO ES SENCILLO
NO ES MENESTER EL OVILLO
QUE DIO ARIADNA A TESEO
Después de leerla, uno se queda más tranquilo. Aunque por poco tiempo, porque pronto me di cuenta de que la cosa no era nada sencilla



Pasillos largos, otros simples tramos cortados, un nucleo con unas ocho variantes y sólo dos soluciones. La verdad es que iba sólo y me reía de la triste imagen de guiri perdido que tenía que estar dando con la cámara colgada del cuello y retrocediendo sobre mis propios pasos todo el rato. Había una mujer con su hija que todo el rato nos encontrábamos y cada vez que nos mirábamos nos sonreíamos por tener la impresión de estar haciendo el idiota. Lo que pasa es que no es lo mismo hacer el capullo sólo que con alguien. Vaya, que si te pierdes con tu chica es superromántico pero si te pierdes sólo tienes una sensación enorme de ser un auténtico gilipollas.
Por fin he logrado salir y me he entretenido por el parque. Estaba muy bien cuidado. Me he sentado un ratito en los jardines románticos (así se llamaban), encima de un grupo de piedras con forma de banco. He sacado un zumito de piña de la mochila y me he sentido genial. Al final he hecho todo lo que me había propuesto el domingo, gimnasio incluido, y eso siempre te hace sentir bien. Si encima la reflexión la haces a las cinco de la tarde de un domingo precioso sentado en un banco de piedra en frente de unos jardines románticos la reflexión parece que sea como más cierta. Me entran ganas de volver a pensar sobre el origen del universo, encima de esa roca, y con mi zumo de piña. Antes lo hacía en la barra de cualquier bar con un whisky, osea que el cambio ha sido a mejor, sin duda alguna.
He hecho muchísimas fotos, pero la mayoría las tengo que arreglar. Espero que se me vaya la pereza y algún día me dé por subirlas a Flickr que aún tengo las de Tossa de Mar sin subir.