Conclusiones que saco después de leer algún que otro libro de psicología. Si estoy errado por favor, no dudéis en corregirme.
La RAE define la introspección como:
introspección.
(Der. culto de introspicĕre, mirar adentro).
1. f. Mirada interior que se dirige a los propios actos o estados de ánimo o de conciencia.
Dicho en otras palabras: La capacidad que tiene el ser humano de reflexionar sobre su ser, su existencia y sus actos.
Así las cosas, el “yo” cuenta con tres papeles bien diferenciados: El planificador, el ejecutor y el observador.
Por un lado tenemos al encargado de planificar, de prepararlo todo. Es el “yo director” que recupera experiencia vividas gracias a la memoria y define cual es la mejor manera de hacer las cosas. O la peor, según sea la voluntad del “yo”.
Luego tenemos al “yo ejecutor”. Somos nosotros y nadie más los encargados de realizar las labores que nuestro “yo director” ha definido como correctas.
Y por último tenemos al “yo observador”. Es el “yo” más dejado de la mano de la inconsciencia en el buen sentido de la palabra. Muchas veces no somos conscientes de lo que hacemos, y parece que estemos viviendo la vida de otra persona. Somos los encargados de decidir a cada momento, eso es evidente, pero no estamos todo el día ni planificando ni ejecutando, ya que eso conlleva un elevado gasto emocional. En esas ocasiones funcionamos casi en piloto automático.
Diría que muchos de mis errores han sido ocasionados por una falta de planificación o por una falta de ejecución. O dicho de otra manera: he funcionado demasiado tiempo con el piloto automático. He repetido muchos errores, lo que confirma que no soy capaz de recordarlos y corregirlos. ¿Falta de introspección? Es probable.
A veces pienso en lo positivo que sería ser programado como un robot. Algo frío, calculador, con una capacidad enorme de recordar hasta el más mínimo detalle para ponerlo en conocimiento del “yo director” para luego ser “ejecutado” sin problema. Ir dando pasitos bien dados, sin prisas, sin ansiedades, sin miedos, sin falsas esperanzas. Simplemente dar pasos con la seguridad de estar pisando en firme.
Pero claro, eso delimitaría enormemente nuestro sentido de la vida. La vida es sufrir, amar, luchar… Y cuando entra el amor en juego, no hay “yo director” ni “yo ejecutor” que valga. Nos convertimos en simples extras de escena en un escenario completamente improvisado. ¿Desearía ser frío entonces? Desde luego que no. Sé lo duro que es estar jodido, pero también he tenido la suerte de saber lo que es sentir el amor dentro de mi.
Así que nada, seguiré analizándome con cuentagotas, aún a sabiendas de que en el momento menos pensado el teatro que he ido construyendo en mi idealizada realidad se puede ir a tomar por culo en tan sólo tres miradas o dos sonrisas.
Si todo fuera tan simple…